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En el evangelio de este domingo leemos el pequeño relato (Mt 1,18-24) que narra la intervención del Espíritu de Dios en la concepción prodigiosa de Jesús acompañada de la actuación de José que quiere, en todo momento, preservar la dignidad humana de María.

El ángel se dirige a José llamándole hijo de David. José es descendiente de David tal como se ha visto en el relato de la genealogía (1,1-17). José y David son los dos nombres que ponen en relación la genealogía humana y la genealogía divina de Jesús. La intención es clara, las dos genealogías afectan a una única y misma persona, Jesús. José, otorgando a Jesús la descendencia de David, lo convertirá en miembro de pleno derecho del pueblo de Israel, representado en los nombres de la primera genealogía. David es el rey ungido, es el rey mesías (la palabra hebrea mesías significa ungido). El pueblo de Israel tenía puesta la esperanza en el advenimiento de un mesías, un descendiente de David, Jesús será el mesías de Israel esperado pero no para liderar un movimiento revoltoso contra los romanos sino para salvar los pecados del pueblo.

El Ángel del Señor es una expresión que en el Antiguo Testamento se usa para referirse a Dios mismo. La encontramos en el momento en que Dios desactiva la muerte de Isaac (Gn 22,11), en la aparición a Moisés en una llama en medio de la zarza (Ex 3,2), en el episodio de la burra de Balaam (Nm 22,22-26), en el relato de la llamada a Guedeón (Jue 6,11-24, quizás es en este relato donde se ve más clara la equivalencia Dios / Ángel del Señor), en el nacimiento de Sansón (Jue 13), en una misión encomendada al profeta Elías (2Re 1,3). El Ángel de Señor se distingue de los ángeles que sirven Jesús después de las tentaciones (Mt 4,11), de los que separarán a buenos y malos (Mt 13,49), de los que reunirán los elegidos (Mt 24,31) o de los que acompañarán al hijo del hombre (Mt 25,31). El Ángel del Señor es Dios mismo que interviene a fin de que José haga el paso de prescindir de las prescripciones legales y se abra a la aceptación de la intervención divina.

La imposición del nombre es uno de los centros de interés del relato. José pone al niño el nombre de Jesús cumpliendo las precisas indicaciones de Dios, en definitiva es Dios quien pone el nombre. El nombre Jesús no coincide con el nombre de la profecía: "Emmanuel" que significa Dios con nosotros. La aparente rareza se diluye cuando se tiene en cuenta que si Jesús significa "Dios salva", "Emmanuel" significa la forma en que se realiza esta salvación que no es otra que la de estar Dios con nosotros.

El nombre de Emmanuel nos lleva a la fórmula "Yo estaré contigo". Esta revive el espíritu de la alianza hecha por Dios con el pueblo de Israel. "Yo seré  vuestro Dios, y para mí vosotros sereis mi pueblo" (Lv 26,12) expresa el compromiso por parte de Dios de otorgar toda su ayuda y todo su apoyo en las situaciones que se presentan difíciles y complicadas; así lo hace con Moisés al iniciar la liberación de Israel de la opresión egipcia (Ex 3,12), lo hace con Josué antes de entrar en la tierra prometida (Js 1,5) o con Jeremías al iniciar su tarea profética (Jr 1,8). Con Jesús se inicia la etapa decisiva de la liberación de Dios. La predicación y los hechos sanadores de Jesús manifestaran que Dios está con nosotros y, al final del evangelio, cuando la comunidad cristiana tenga que iniciar la tarea de evangelización a todos los pueblos Jesús dirá (Mt 28,20 ): Yo "estaré con vosotros hasta el fin de los tiempos".

Domingo 4º de Adviento. 22 de Diciembre 2019