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El libro del Génesis menciona en dos relatos diferentes de la creación del hombre y la mujer. Del segundo, el más conocido, leemos un fragmento (Gn 2,18-24) en la primera lectura de este domingo, justo para sintonizar con el texto de Marcos (Mc 10,2-26) que pone en boca de Jesús palabras del último versículo del citado texto de Génesis.

El texto que nos ocupa comienza mostrando a Dios que se dice a sí mismo: "No es bueno que el hombre esté solo". Esta afirmación contrasta con la afirmación: "Dios vio que todo era bueno" (1,10.12.18.21.25.31) que se repite insistentemente en el relato de tradición sacerdotal. A primera vista parece que haya una contradicción. Creemos que hay que leer la expresión "no es bueno" en el sentido de que el hombre, el terrícola que Dios acaba de crear no está acabado del todo. La creación de la mujer no será otra cosa que terminar del todo una realidad que ha comenzado con la creación de adam, el terrícola.

Dios dice que hará para el hombre una ayuda que le apoye. La expresión "adecuada" traduce un término hebreo de traducción complicada. El término en cuestión es "kenegdo". Una aproximación a su sentido literal vendría a querer decir: estar delante cara a cara, estar delante de mí, incluso un cierto sentido de oposición, de choque que en este caso no sería beligerante. El término se ha escogido para expresar la complementación y la igualdad de especie. Lo que de hecho se quiere decir es que la mujer no emerge como una realidad independiente y autónoma (como los animales) que sirve para ayudar al hombre, sino que - como se verá - sale del hombre mismo. Es el mismo hombre que unido a una parte que emerge de él mismo llega a ser un todo completo y acabado.

Antes de que Dios ejecute lo que se ha propuesto, modela con tierra los animales. Es la preparación de lo que hará y lo hace con la intención de marcar diferencias y enfatizar la unidad entre el hombre y la mujer. Los animales son hechos con tierra, no con carne. También tiene su importancia el hecho de poner el nombre En el antiguo oriente era sobre todo un ejercicio de soberanía. El hombre da nombre a los animales demostrando su superioridad sobre ellos, pero no lo hace con la mujer. Si lo hiciera demostraría una situación de dominio que no se ajustaría a la igualdad que se está intentando demostrar. Nuevamente aparece el término "kenegdo" (adecuada v. 20), la reiteración es síntoma de su importancia.

Los animales no son de igual naturaleza que el hombre, no son un reflejo de sí mismo donde él se pueda reconocer.  Dios coge materia de la parte lateral del terrícola y cubre con carne el espacio que ha quedado vacío. Es una manera gráfica de insistir en que la mujer está hecha de la misma materia e la que ha sido hecho el hombre. Es una especie de doble del hombre. Ambos son de una misma materia y eso les llevará a encontrar conjuntamente una unidad a la que están destinados.

El hombre no pondrá nombre a la mujer. Será en otro contexto, después de la transgresión en el jardín de Eden, el hombre pondrá a la mujer el nombre de Eva. ¿Será que la transgresión ha abierto el camino del dominio del hombre sobre la mujer ?. En el texto que comentamos, la mujer tendrá por nombre "isha" que no es otra cosa que el mismo nombre del hombre ("ish") pero en su forma femenina. Un indicativo más de la unidad incuestionable de ambos.
El texto de Génesis, sobre todo si se tiene en cuenta el original hebreo, da indicios suficientes para mostrar la unión entre hombre y mujer. Jesús conocía bien el texto, por eso lo invoca.

Domingo 27 durante el año. 7 de Octubre de 2018

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