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Gran parte del capítulo 22 del evangelio de Mateo está dedicado a exponer una serie de controversias de Jesús con los grupos social y religiosamente más relevantes: los saduceos le hacen una pregunta sobre la resurrección (vv. 23-33), los fariseos sobre el tributo al césar (vv. 15-22), sobre la filiación mesiánica (vv. 41-46) y sobre cuál es el mandamiento principal de la Ley. Es el texto que leemos en el evangelio de este domingo (Mt 22,34-40).

El evangelio de Mateo se escribió después de la destrucción de Jerusalén (70 dC.). Desaparecido el culto del templo y la influencia de la clase sacerdotal, tomaron fuerza el rabinismo y el prestigio, estudio y desarrollo de la Ley mosaica. Esta podía presentar algunas contradicciones internas y también dificultades a la hora de cumplir y poner en práctica lo que estaba mandado (Mt 23,4). Además de ello iban surgiendo una serie de circunstancias de la vida que pedían establecer nuevos criterios de conducta y comportamiento. Hacía falta una autoridad acreditada que determinara de forma fija qué interpretaciones de la Ley escrita debían pasar a ser de obligado cumplimiento. Así pues, con el tiempo aparecieron un gran número de decisiones legales dotadas de igual fuerza que la Ley escrita. Junto a la Torá escrita fue configurandose un acopio normativo de derecho común que en terminología rabínica se llamó: "halajá" (que quiere decir caminata).

Enseguida se planteó el interrogante que se preguntaba si las leyes reunidas en la Torá escrita tienen todas el mismo valor. Algunos rabinos distinguieron entre mandamientos pesados ​​y ligeros. Dentro del halajá se distinguen varias categorías de normas. Hay algunas tradicionales que enlazan expresamente con Moisés; hay también el corpus del halajá propiamente dicho; hay, además, ciertas normas consideradas como instrucciones de los escribas. Las normas de las tres categorías son vinculantes, pero su autoridad es gradual: más importantes las del primera apartado, menos las del segundo y de rango claramente inferior las del tercero. Esto explica la pregunta que le hicieron a Jesús. Los fariseos, firmes defensores de que la Torá oral tiene su origen en Moisés, preguntaron a Jesús para que se posicionara en el debate porque lo que se cocía de fondo en este debate era hasta qué punto la Torá oral tenía origen en la revelación que Dios había hecho a Moisés en el Sinaí.

El texto dice que el experto en leyes le preguntó a Jesús para probarlo. Daría apoyo a la tradición oral considerando que ésta tenía su origen en Moisés proclamando un mandato de esta tradición como más importante, o no ?. Haría pasar un mandamiento novel por sobre la indiscutible autoridad de la Ley escrita o subestimaría la autoridad de Moisés reconocida ya en los mandatos de la Ley oral ?. Aquí radica el veneno de la pregunta.

Al responder Jesús no remite a los mandamientos como escritos en frías tablas piedra, sino que recuerda el "Shema Israel", "Escucha Israel" (Dt 6,4-5), el mandamiento rezado, proclamado y vivido por la religiosidad judía más sagrada y que pone Dios por encima de todo. Añade un texto Levítico (19,18) que exige el amor a los demás. Jesús pone estos dos mandamientos como fundamento de toda la Ley y los profetas. Jesús viene a decir a sus oponentes: vosotros que a través de razonamientos y deducciones y de comparaciones, ilaciones y conexiones entre textos ha llegado a elaborar un conjunto de preceptos que constituyen la Ley oral, con la misma habilidad y pericia os debéis aplicar a tener como principios fundamentales y orientadores el amor a Dios y el amor a los demás.

Domingo 30 durante el año. 25 de Octubre de 2020.