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El capítulo 15 de la primera carta de Pablo a los Corintios está dedicado a tratar el tema de la resurrección. De él leemos un fragmento (1 Co 15, 20-26a.28) en la segunda lectura de hoy, festividad de Cristo Rey. El texto de Pablo está encaminado a afrontar las dudas sobre la resurrección que existían en la comunidad de Corinto. Algunos de sus miembros negaban la realidad de la resurrección corporal, seguramente porque veían el cuerpo como una realidad negativa y un obstáculo para la actividad del alma. Pablo da a entender  a los corintios que la resurrección de Jesús forma parte del núcleo más esencial de la fe cristiana y que es la garantía de la resurrección de todos aquellos que están unidos a Cristo por el bautismo. Pablo puede hablar con autoridad de la resurrección de Jesús porque él ha hecho experiencia de Jesús resucitado (1Co 15,8; Ga1,16;  Ac 9,3-5).

En el texto que comentamos Pablo afirma que "Cristo ha resucitado de entre los muertos, como primicia de todos los que han muerto" (v.20). Dios quería que los israelitas llevaran ante él los primeros frutos como ofrenda; así lo prescribe la ley (Ex 23,19; Nm 15,17-21). Si se trata de la primera cosecha significa que vendrán más, por lo tanto las primicias son el anuncio de futuras abundancias. También las primicias quieren anunciar que se ha terminado el invierno, tiempo de tristeza y comienza la primavera un resurgimiento de la naturaleza con la alegría que esto conlleva. Pablo usa la imagen de las primicias, los primeros frutos de las cosechas, para proclamar que la resurrección de Jesús es la garantía de las futuras resurrecciones de los que creen y creerán en él. También al decir que con las primicias comienza una nueva primavera se quiere decir que con la resurrección de Jesús se inaugura un tiempo nuevo.

La resurrección de Jesús y la de los que por el bautismo se han adherido a su persona no es un fin en sí misma, sino que es el primer paso hacia la instauración total y definitiva del reino mesiánico que implica la exaltación y entronización de Jesús. En los versículos 24-28 se encuentran aplicadas a Jesús, en el contexto de los tiempos últimos, las funciones que por antonomasia definen la actuación del Mesías de Israel. Este debía ser el liberador de los enemigos que oprimían y dominaban el pueblo de Israel (2 Sa 7,9; 1 Hen 46,5.6; 62,11). El texto de Pablo dice que Jesús "destituirá todo tipo de potencia, de autoridad y de poder "y que" habrá puesto todos los enemigos bajo sus pies ". Hay un énfasis especial en el dominio de los enemigos, porque entre ellos está la muerte. Pablo - en un versículo que la lectura litúrgica ha omitido -, apoya su afirmación con una cita del salmo 8. Indirectamente quedan reflejadas las palabras del sal 110 "hasta que haga de tus enemigos el estrado de tus pies".

Otra de las funciones mesiánicas era la de hacer de Israel un gran pueblo " En cuanto a Israel, Tú, oh Dios lo liberaste para que fuera tu pueblo y lo hiciste famoso haciendo por él cosas grandes y maravillosas” dirá Natán a David (2 Sa 7,23; ver también: 1 Hen 58,3; 62,13-15). Jesús el nuevo Adán, el líder de una humanidad nueva, será el que constituya la comunidad de los que unidos a Él habrán vuelto a la vida.

La más relevante prerrogativa mesiánica es reinar (Mt 25,31; 28,18 2 Sa 7,13; 1 Hen 51,3; 61,8. La realeza mesiánica que ha sido concedida a Jesús a fin de llevar a cabo su misión de salvación, será, cuando llegue el fin, entregada a Dios a fin de que se realice la revelación plena, total y definitiva de la realeza absoluta de Dios. Es el objetivo final, penetración de la realidad de Dios - Dios será todo en todos - en la totalidad de la creación.

El pensamiento de Pablo sobre la resurrección se amplía hasta adquirir dimensiones cósmicas. La resurrección de Jesús no se limita a un tiempo y espacio cerrados. Es el punto de partida de un movimiento, de un proceso que termina afectando la humanidad y la creación enteras.

Festividad de Cristo Rey. Domingo 22 de Noviembre de 2020