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El texto del libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 3, 13-15.17-19) que leemos en la segunda lectura de este domingo corresponde al segundo discurso de Pedro dirigido a un auditorio judío donde defiende la fuerza que Jesús resucitado tiene para curar y conceder el perdón a todos los que causaron la crucifixión del Mesías de Israel.

En el lenguaje del discurso abundan los términos que remiten al Antiguo Testamento conocido sobradamente por los que están escuchando el discurso. "El Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob", estas son las palabras con que Dios se presenta a Moisés en el episodio de la zarza (Ex 3,6) y estas son las palabras con que Israel identifica a su Dios y recuerda los beneficios que este le ha otorgado a lo largo de la historia. Es una fórmula solemne que Pedro usa aquí para manifestar sintonía con su auditorio.

El texto otorga a Jesús dos calificativos, santo y justo, ambos tienen una connotación mesiánica en los textos de Isaías donde están presentes. "El que te libera es el Santo de Israel" (54,5); "Él que es justo hará justos a los demás" (53,11). En ambos pasajes se ve el carácter liberador propio de la misión mesiánica. Jesús aparece en este rol liberador en el milagro en la curación del inválido que precede el discurso de Pedro. El verdadero autor de la curación es Jesús Mesías. El códice Beza llama a Jesús siervo y al añadir Mesías al nombre de Jesús enfatiza su condición mesiánica. Este códice une, pues, siervo y mesías. El siervo sufriente de Isaías es también el Mesías. Así lo considera la tradición rabínica que en el tárgum de Isaías añade Mesías a siervo. Pedro está interesado en identificar a Jesús como el Mesías de Israel. Las tradiciones judías no podían admitir de ninguna manera un Mesías sufriente y fracasado. Pedro quiere convencer que Jesús, a pesar de haber muerto en cruz es el Mesías aunque esto entrara en contradicción con las esperanzas de triunfalismo que acompañaban la llegada del Mesías.

Recordemos que Lucas está respondiendo a Teófilo, gran sacerdote durante los años 37-41 dC. e hijo de Anás, que le ha pedido información sobre si Jesús era el verdadero Mesías de Israel, no sea que, sin saberlo (Pere hace mención de esta circunstancia en el discurso), sus predecesores en el cargo no hubieran crucificado el Mesías de Israel y como consecuencia se hubiera producido la destrucción del Templo y de Jerusalén por las tropas romanas. Pedro dirige toda la culpa de la muerte de Jesús al pueblo de Israel y sus dirigentes. La exculpación de Pilato no hace más que remarcar este protagonismo de Israel en el rechazo y la entrega de Jesús a Pilato que termina con su muerte.

La muerte en cruz de Jesús Mesías es un fracaso sólo aparente. El sufrimiento del Mesías estaba previsto por los anuncios de los profetas y por la palabra de la Escritura. La muerte de Jesús no es un fracaso sino que entra en los planes de Dios. En la contundencia del comportamiento con Jesús del pueblo de Israel: lo entregaron, negaron, lo prefirieron a Barrabás y lo mataron, Perdo contrapone la acción poderosa de Dios que ha resucitado a Jesús y lo ha glorificado. Dios reivindica, pues, Jesús como el verdadero Mesías de Israel.

Domingo 3º de Pascua. 18 de Abril de 2021