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La autoría de los escritos más tardíos que forman parte del Nuevo atribuye a personajes que, en los primerísimos tiempos del cristianismo, gozaban de una indiscutible autoridad. Esto es lo que hace el autor de la homilía que nos ha llegado con el nombre de 1a. Carta de Pedro de la que leemos un fragmento (1 P 2,4-9) en la segunda lectura de este domingo. El escrito pone de manifiesto el impacto del liderazgo de Pedro en las primeras comunidades cristianas.

El autor de 1 Pe se vale de una imagen que forma parte de los grandes símbolos patrimonio de la cultura universal: la piedra. Lo aplica tanto a Jesús como a la comunidad. Jesús es la piedra preciosa a los ojos de Dios (vv. 4.6). En el antiguo Oriente la piedra angular tenía una gran importancia, era la primera piedra que se colocaba de toda la obra, era determinante cara la posterior construcción de todo el edificio. La colocación iba acompañada de una gran ceremonia. Decir que Jesús es la piedra angular es afirmar su gran dignidad, su soberanía, el lugar preeminente que ocupa en la comunidad y la garantía de su estabilidad y solidez.

Hay más todavía; más allá de la simbólica universal, el autor, valiéndose de un texto del salmo 118,22, proclama que Jesús es "la piedra rechazada por los constructores es ahora la piedra principal" En este salmo se alaba el cambio maravilloso en el que ha actudo el Señor. El justo que ha sido despreciado, que se ha visto rodeado de malhechores (vv. 11.12) pasa a ocupar un lugar de honor. Ha experimentado el paso de la muerte a la vida (v.17). Da gracias a Dios porque la ha escuchado y en el cambio se experimenta como una piedra rechazada por los constructores que se ha convertido en piedra angular. Para el justo, nadie sino Dios por haber hecho algo así. Visto el salmo en su conjunto, nos permite ver la connotación pascual de la comparación de Jesús con la piedra. El rechazo de la piedra es la muerte y la coronación la exaltación y resurrección. La crítica severa a los constructores es la crítica al Israel infiel, los que no forman parte de la comunidad.

El autor de 1 Pe aplica el simbolismo de la piedra a la comunidad cristiana. A diferencia de la arena, símbolo de la disgregación y la inconsistencia, la piedra es símbolo de cohesión, la comunidad, pues debe ser un grupo bien unido, sin fisuras; la piedra es dura y por eso es símbolo de fortaleza, la comunidad, por lo tanto, también debe ser estable y fuerte, sobre todo en las persecuciones, tema recurrente en 1 Pe; la piedra resiste el paso del tiempo esto la convierte en símbolo de eternidad, también la comunidad debe ser perdurable, tiene que aguantar fuerte en las circunstancias adversas.

No se puede olvidar el aspecto comunitario cuando el simbolismo de la piedra se aplica al conjunto de los creyentes. Una piedra sola poco puede hacer, pero un conjunto de piedras organizadas, combinadas, distribuidas y ordenadas llegan a erigirse en  una sólida construcción por eso el autor de 1 P puede hablar de templo del Espíritu refiriéndose a la comunidad. Un pasaje del Antiguo Testamento puede iluminar esta dimensión comunitaria; se trata del episodio que explica como Josué, a fin de conmemorar el paso por el río Jordán, dispone erigir un monumento para recordar esta hazaña; cada tribu de Israel deberá aportar una piedra para erigir el monumento, así cada piedra simbolizará una tribu y el conjunto de las 12 piedras simbolizará la totalidad del pueblo, la comunidad de Israel (Jos 4,1-24). De hecho, para el autor de la homilía, la comunidad es el nuevo Israel, de ella se dice lo que antes se proclamaba de Israel: linaje escogido (Dt 7,7), casa real (Os 5,1) , comunidad sacerdotal, nación santa (Ex 19,6). Ella será el templo que, desde ahora será garantía de la presencia de Dios en la comunidad humana.

Domingo 5º de Pascua. 10 de Mayo de 2020