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Después del episodio de la purificación del templo, los grandes sacerdotes y los ancianos preguntan a Jesús: ¿Con qué autoridad haces estas cosas ?; Jesús replica con una contra pregunta sobre el origen del bautismo de Juan. Al no obtener respuesta, Jesús tampoco les responde pero replica con tres parábolas, la de los dos hijos (Mt 21,28-32), la de los viñadores homicidas (Mt 21, 33-46) y la parábola del banquete de bodas que leemos hoy en el evangelio (22,1-14). Algunos estudiosos la subdividen en dos parábolas, la de la fiesta de la boda (vv. 1-10) y la del vestido de bodas (vv. 11-14). El hecho de tener el denominador común de la boda hace que sea considerada una única parábola con dos partes bien delimitadas y así es como la presenta el texto evangélico. Si Jesús no da ninguna respuesta a los sacerdotes y notables es por el rechazo de estos a aceptarlo como mesías de Israel y enviado de Dios. Con la parábola les anuncia el castigo que les espera y el advenimiento de aquellos que querrán y sabrán hacer lo que la élite religiosa de Israel no ha querido hacer.

Es interesante observar las diversas invitaciones que se producen en la primera parte de la parábola. Según las costumbres de la época, la preparación de un banquete exigía mucho tiempo, por eso se hacía una primera invitación y cuando todo ya estaba listo el anfitrión enviaba un recordatorio El rey envía los sirvientes a llamar a los invitados que con antelación ya habían recibido la invitación. En principio parece que estos habrían aceptado la primera invitación. Era un honor y no se podía despreciar la invitación de un rey. Pero cuando se acerca la fiesta ellos no quieren ir. De momento no se especifican las excusas y parece una evasiva que no tiene otra consecuencia que la de rechazar el honor de ser invitado. Pero la cosa cambia cuando el rey envía otros sirvientes y detalla la programación del banquete que se contrapone al detalle de las excusas que presentan los invitados. Queda mostrada la magnificencia y generosidad del rey. Con la llegada de los nuevos sirvientes, llega la hora de la verdad, la hora de dejar lo que se está haciendo, la hora de renunciar a los trabajos y los negocios, ponerse la ropa adecuada e ir al banquete. Los invitados que no quieren ir al banquete se parecen al hijo que dice que sí irá a la viña pero al final no va. Los trabajos de los invitados en sí no son malos, pero la parábola advierte de las excusas que se pueden anteponer a la dedicación a Dios.

 

El castigo enviado por el rey es una referencia escondida a la destrucción de Jerusalén y el templo por los romanos en el año 70 d.C. interpretada como castigo de Dios a causa del rechazo de Jesús, el mesías, su enviado. El castigo marca un antes y un después de la parábola. Si en la primera se puede ver la historia de Israel que rechaza los profetas, la segunda lleva a pensar en la tarea evangelizadora de la comunidad cristiana.

 

El envío de sirvientes en los cruces de los caminos a invitar a todos marca el tiempo de la Iglesia. Mateo escribe después de la destrucción de Jerusalén, los primeros invitados, representados por la élite de Israel, destinatarios de la parábola, han sido indignos, es necesario encontrar otros nuevos (tanto da que sean buenos o malos) en los cruces de caminos donde generalmente se encuentra la gente pobre. No es tarea de los sirvientes hacer la elección entre buenos y malos. Hay que esperar, como en la parábola del trigo y la cizaña (Mt 13,24-30), el tiempo de la siega o como la parábola de la red (Mt 13,47-50) que los ángeles separarán a los buenos de los malos .

 

Pero no basta con la simple pertenencia a la comunidad cristiana. Hade falta una vida comprometida con el proyecto de Jesús en sintonía con los planes de Dios y disponerse a dar fruto. Si no es así, será como ir al banquete sin el vestido de bodas y terminar como los primeros invitados: castigados y excluidos.

 

Domingo 28 durante el año. 11 de Octubre de 2020