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Avanzamos en la segunda lectura de este domingo con la lectura del capítulo 8º de la carta de Pablo a los Romanos. Hoy tan sólo leemos dos versículos, el 26 y el 27. En los versículos anteriores el apóstol ha hablado de los gemidos del universo (v.22), después de los gemidos de los creyentes (v. 23) y se suman los gemidos del Espíritu.

Los gemidos del Espíritu. Gemidos en griego "stenagmoi" sustantivo que proviene del verbo "stenazô". Tanto el verbo como el sustantivo se usan para referirse a las intensas expresiones de los lamentos de las personas y del dolor impotente cuando se producen situaciones en las que los seres humanos no pueden hacer nada para cambiarlas. El lamento puede tomar forma de oración que brota del corazón en las situaciones más dolorosas. En la versión griega de los LXX del Antiguo Testamento, verbo y sustantivo son usados ​​en las situaciones más diversas: En referencia a los dolores del parto (Jr 4,31); a los gemidos de los heridos en la guerra (Ez 26,15); a la queja reivindicativa de Job (Jb 23,2);  a los llantos en los tiempos futuros de los que ahora se divierten (Is 24,7). El pasaje más interesante, sin embargo, por la relación que puede tener con nuestro texto es el de Ex 2,23-24: "Mientras los israelitas gemían y gritaban desde el fondo de su esclavitud, y su clamor subió hasta Dios que escuchó los gemidos y se acordó de la alianza que había hecho con Abraham, Isaac y Jacob ". Los israelitas gimen desde su esclavitud, el universo gime desde la servidumbre de la corrupción, los creyentes gimen esperando que el cuerpo sea redimido. El punto de partida del gemido del Espíritu es la debilidad de los creyentes. El Señor escuchó los gemidos de su pueblo. Israel se dirigió al Señor esperando ser escuchado, si no no lo hubiera hecho. El universo mantiene la esperanza en su gemido, el gemido de los creyentes también es un gemido en esperanza, el gemido del Espíritu seguro será escuchado por la sintonía existente entre el Espíritu y el querer de Dios y porque tiene la capacidad de convertir la palabra humana en palabra que Dios entiende.

"El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad" A menudo en la Escritura encontramos situaciones en que el Espíritu hace esta tarea de apoyo cuando las capacidades humanas son insuficientes para llevar a cabo el trabajo que tienen que hacer. Lo vemos en los jueces cuando el Espíritu del Señor se apodera de alguno de ellos para una empresa determinada (Oniel Jue 3,10; Guedeón 6,34; Jefté 11,29; Sansón 14,6), se apodera de David para que sea un buen rey (1 S 16,13). En el libro de Isaías el Espíritu del Señor reposará sobre el rebrote de Jessé, el descendiente de David, a fin de llevar a cabo su tarea mesiánica (11,2). El siervo del Señor lo recibirá para llevar la justicia a las naciones (42,1) y descansará sobre el ungido del Señor a fin de que éste pueda proclamar lo que será la gran tarea liberadora de Dios (61,1-2).

El apoyo del Espíritu al descendiente de David, al sirviente, al ungido, Jesús lo promete a sus discípulos: "Cuando os lleven a las sinagogas, los magistrados o a las autoridades no os preocupéis de cómo os defenderéis ni de qué diréis. El Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que necesitáis decir ". El Espíritu Santo sale al paso en una situación de debilidad originada por la persecución; ante el lenguaje inapropiado de los discípulos, el Espíritu aporta la novedad de un lenguaje diferente (Jn 16,12-13), dotado de una fuerza que ninguna sabiduría humana podrá rebatir (Lc 21,15). También en el evangelio de Juan, en los difíciles momentos de su muerte que se acerca, Jesús promete a sus discípulos el apoyo del Espíritu (Jn 16,13) que habla su propio lenguaje, el que lleva a la verdad entera.

Domingo 16 durante el año. 19 de Julio de 2020