Voleu rebre les notícies?

Subscriviu-vos al butlletí gratuït

El fragmento del evangelio de Marcos que leemos este domingo (Mc 1,29-39) sintetiza la actividad de Jesús durante el transcurso de una jornada imaginaria, tanto es así que se ha titulado el fragmento: La jornada de Cafarnaúm . El texto está lleno de detalles ricos de contenido y una de las posibles lecturas es la de considerar los diferentes espacios donde se desarrollan los hechos narrados

Dos veces en el texto aparece la sinagoga. Casa de enseñanza y oración, era el lugar donde se reunían los judíos para estudiar y leer la Escritura, orar y resolver cuestiones y problemas. El texto proyecta al tiempo de Jesús la situación de las sinagogas tras la destrucción del templo de Jerusalén (70 dC.), cuando la Ley y las tradiciones rabínicas se habían impuesto sobre el culto del templo. Durante el siglo I dC., la lectura de la Escritura, la predicación y la oración pública las hacían los miembros de la congregación. Con todo, hay que contar con la presencia de un supervisor, "el archisynagogous" encargado de mantener el orden en toda la actividad sinagogal; le correspondía designar al que tenía que hacer la lectura de la escritura y la oración, así como invitar a una persona idónea para la predicación. Lo que decimos explica que Jesús y Pablo pudieran hablar en algunas sinagogas. En el pasaje que nos ocupa vemos como Jesús aprovecha la sinagoga como instrumento al servicio de su enseñanza. Las sinagogas fueron también la guarida de un judaísmo excluyente y cerrado incapaz de aceptar a Jesús como Mesías enviado de Dios. Esto provocó la rotura de las comunidades cristianas y las sinagogas judías. En el texto que leemos lo encontramos escenificado mostrando como Jesús abandona la sinagoga y se dirige a la casa, símbolo de la comunidad cristiana.

La casa es el otro espacio significativo del texto. Como hemos dicho es el símbolo de la comunidad cristiana porque que la casa es el lugar reunión por excelencia de la comunidad. En el evangelio de Marcos, Jesús se reúne a menudo con los discípulos en casa (3,20; 7,17, 9,28.33; 10,10). En el libro de los Hechos la casa es el lugar de reunión de la comunidad (2,46; 12,12). Tal como podemos observar en el texto, la casa queda geográficamente al margen de la sinagoga. Esta comunidad no es una tipificación genérica sino una realidad bien concreta porque tiene nombres: Pedro, Andrés, Santiago y Juan, seguramente son sus dirigentes en contraposición a los supuestos rabinos dirigentes de la sinagoga. La comunidad está en estado de postración, es decir, inoperativa y dominada por la fiebre, es decir por una ideología contrapuesta al proyecto de Jesús. Al ponerla en  pie, Jesús libera la comunidad.

El otro lugar teológicamente significativo es el desierto. Es el lugar de encuentro de Israel con Dios en el Sinaí. El lugar donde Juan predica un bautismo del que Jesús participa. El lugar donde Jesús, rechazando las tentaciones, define el estilo de su mesianismo. Jesús en vez de orar en el sitio oficial, la sinagoga, ora en el desierto. Allí está lejos de Pedro y de la gente que lo busca para obtener beneficios. Lejos de distracciones, el desierto es el lugar ideal para la oración.

Jesús habría podido predicar en las grandes ciudades de Séforis o Tiberias. Las ciudades sólo podían vivir absorbiendo los recursos del campo acaparando rentas y cargando impuestos. Jesús prefiere el auditorio más pobre pero más receptivo de las pequeñas poblaciones. En las grandes ciudades tal vez habría encontrado un auditorio más numeroso y quizás dispuesto pero más volátil. Jesús huye de la espectacularidad y busca un auditorio sencillo menos influenciado por ideologías ajenas al mensaje liberador del Reino y menos maleado por las costumbres materialistas paganas. Sabiéndose mesías enviado a Israel, son las pequeñas aldeas las que mejor tipifican el Israel sencillo y pobre.

Domingo 5º durante el año 7 de Febrero de 2021