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El capítulo séptimo de la primera carta de Pablo a los corintios está dedicado a responder a las cuestiones sobre el matrimonio y la virginidad. De este capítulo leemos unos versículos en la segunda lectura de este domingo (1 Co 7,32-35). Para ayudar a la lectura de este texto, puede ayudar  tener presentes algunas consideraciones previas.

Hay quien ha visto en algunas de las exposiciones de Pablo una cierta influencia del estoicismo. Era un movimiento filosófico que defendía la indiferencia y la apatía con respecto a las cosas externas de este mundo, sobre todo se mostraban indiferentes al placer o al dolor. El verdadero estoico quería desembarazarse y librarse de su condición externa, sólo así podía conseguir la absoluta ecuanimidad y serenidad. Para esta corriente de pensamiento el matrimonio era visto negativamente pero esta visión negativa no era compartida por Pablo.

Además de ello, junto a un grupo de liberales que no veía ninguna barrera en la práctica de la sexualidad, había dentro de la comunidad algunos miembros que, huyendo del libertinaje existente en la ciudad de Corinto y inspirados en la doctrina de Pablo sobre la dignidad del cuerpo del cristiano, pensaban que la unión matrimonial era contraria a la nueva vida en Cristo iniciada en momento del bautismo. Pablo contrapone sus palabras sobre el matrimonio y la virginidad tanto ante las exageraciones de los desenfrenados como los rigoristas.

La otra circunstancia a tener en cuenta es la esperanza escatológica que vivían las primeras comunidades cristianas. Esto quiere decir que tenían puesta la mirada en los tiempos últimos y definitivos donde sería una realidad el tan esperar retorno de Jesús. El tiempo se acaba, el retorno se acerca por tanto, determinadas situaciones pueden quedar muy relativizadas entre ellas el hecho de estar casado o no.

El texto que nos ocupa comienza con una contraposición entre el no casado y el casado en cuanto a la dedicación a las cosas del Señor. Sigue diciendo lo mismo de las mujeres no casadas y las casadas. El versículo 35 enfatiza la bondad de la dedicación al Señor que, al cabo de abajo, para Paz es lo que cuenta.

Reiteradamente aparece el verbo griego "merimnaô" (4 veces) que traducimos para ocuparse dedicarse. El verbo significa: cuidar de alguien o de algo, dedicarse en cuerpo y alma a alguien o algo, ser solícito, darse prisa, esforzarse, tener ansia, afanarse. El sentido que queda descartado es el de dedicarse a prácticas religiosas o cultuales, aunque el contexto podría inducir a darle este sentido. Un texto de Mateo puede aportar mucha luz al sentido que Pablo quiere dar al término en este pasaje: Jesús invita a no dejarse dominar por las preocupaciones materiales: "No os preocupeis (merimnêsête) pensando que comer o que beber ... Vosotros buscad primeramente el reino de Dios y haced lo que quiere ... No os preocupeis (merimnêsête) pues por el mañana "(Mt 6,31.33.34). Es evidente que para Pablo la prioridad es la expansión del Reino de Dios. Queda poco tiempo antes del regreso de Jesús y el trabajo a realizar es mucho, por lo que la preocupación por el Reino pasa por delante de toda otra preocupación. Por eso Pablo considera mejor situados cara la proclamación del Reino de Dios a los que no tienen otra preocupación y ocupación que esta.

Para Pablo todos los creyentes, hombres o mujeres, solteros o casados ​​deben estar dedicados al servicio del Señor. Es cierto que Pablo ve que a los solteros les es posible una mayor dedicación, pero esto no significa que se limite sólo a ellos; esto puede ser una ventaja dada la urgencia de los temas últimos pero no quiere decir que el estado de soltero sea intrínsecamente superior al matrimonio.

Domingo 4º durante el año. 31 de Enero de 2021