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En el salmo 19 se pueden observar dos partes bien diferenciadas, la primera que va de los versículos 1 al 7 es una alabanza al Señor porque todo el mundo creado es un lenguaje que habla de Él. La segunda parte (versículos 8-15) sobre todo los versículos 8-12 son una glorificación y alabanza de la "torá", la ley. El nexo entre las dos partes es la alabanza a Dios al que se puede acceder leyendo las obras de la naturaleza o cumpliendo las prescripciones de la ley. Quizás así se explica que en un momento determinado se unieron dos salmos que en principio estaban separados. El salmo  (Sl 19,8-11) que leeremos o cantaremos este domingo recoge el elogio de la "torá".

El término hebreo "torá" se suele traducir por "nomos" en griego y por "lex" en latín. Este hecho ha provocado que el término hebreo adquiriera el sentido de cumplimiento de una norma o precepto, pero el sentido va más allá. La "torá" es la expresión que Dios hace de su voluntad y que llega a los seres humanos en forma de instrucción y les señala el camino que necesitan seguir. De hecho "torá" remite al verbo "yara”  que significa enseñar, instruir. La "torá" no es una magnitud rígida y estática sino que el ser humano la experimenta como un poder vivificador; en ella escucha la interpelación viva de Dios, reconforta al ser humano y alegra su corazón. La adhesión entusiasta y elogiosa de la ley pone en evidencia que la "torá" no pide simplemente un cumplimiento legalista o una lealtad acrítica.

Aparecen en el texto algunas palabras sinónimas de "torá": preceptos, mandamientos, juicios, testigo; su presencia acentúa la pluralidad de sentido y la riqueza de matices de este término fundamental de la Escritura judía.

Las primeras palabras que leemos o cantamos del salmo dicen "Es perfecta la ley del Señor". Perfecto traduce el término hebreo "tamim" y es un término que se encuentra en el lenguaje de los sacrificios de animales. El cordero que se ha de comer la noche antes de la salida de Egipto debe ser sin defecto (Ex12,5). El libro del Levítico prescribe que el animal que se ofrece en holocausto debe ser sin defecto (Lv 1,3.10). La santidad de Dios exige que lo que se le dedica sea perfecto y, en un movimiento inverso, lo que procede de Dios es perfecto. En el pensamiento rabínico, la "torá" preexistía y fue creada 2000 años antes de la creación. Haciendo un símil con la sabiduría preexistente (Prv 8,22-31), así como el libro de los Proverbios presenta Dios jugando con la sabiduría, el rabinismo imaginaba Dios jugando con la "torá" antes de la creación del mundo. Por el hecho de ser una realidad proveniente de Dios, la "torá" es perfecta.

La perfección de la "torá" le da la capacidad de vivificar, de rehacer, de dar descanso al alma. Alma suele traducir habitualmente el término hebreo "nephesh". La versión griega del Setenta traduce el término por "phyché" que la versión latina de la Biblia traduce por "alma". La influencia del pensamiento filosófico griego es potente; este consideraba el alma como una realidad separada del cuerpo. El alma es inmortal e invisible, el cuerpo es mortal, concreto, visible. Esta forma de pensar es ajena al pensamiento bíblico que considera al ser humano como una realidad unitaria y no dualista.

Estrictamente "nephesh" es la garganta y al ser éste el órgano por el que se respira, "nephesh" pasa a designar el aliento. Mientras un cuerpo alienta está vivo y si no alienta está muerto, de ahí que "nephesh" pase a designar al ser humano en cuanto viviente o simplemente designa la vida. "Cuando recibe el" nephesh "gracias al soplo de Dios, el ser humano se convierte en un viviente dirá el libro del Génesis (2,7) y es Dios que puede liberar del sheol, de la muerte al ser (" nephesh ") viviente. Este poder vivificador el salmista entusiasmado la atribuye a la ley que rehace y da fuerza a la totalidad de la persona humana.

Domingo 3º de Cuaresma. 7 de Marzo de 2021