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El capítulo 20 del evangelio de Lucas recoge polémicas de Jesús con varios grupos, entre ellos los saduceos que le interrogan sobre la resurrección. Es la que leemos en el evangelio de este domingo (Lc 20,27-40). El texto tiene el estilo de los diálogos entre rabinos y las polémicas escolares del antiguo judaísmo. El fragmento presenta el siguiente esquema: Recordatorio del precepto del levirato; historia de la mujer y los siete hermanos; pregunta planteada a Jesús; respuesta de Jesús que contiene dos partes, contraste entre este tiempo y el tiempo futuro y argumentación bíblica en favor de la resurrección.

La respuesta de Jesús es larga y elaborada (5 versículos - del 34 al 38 - de los 13 que tiene el episodio) y a menudo se pasan por alto matices interesantes. La argumentación de Jesús parte de la base de que el matrimonio es una institución para esta vida, para este mundo presente. En el tiempo futuro habrá quienes serán considerados dignos de tener parte en la resurrección. "Los justos se levantarán del sueño" dice el libro de Henoc (1 Hen 91,10). Se presupone que habrá que no lo serán, pero de estos el texto no dice nada. El error de los saduceos consiste en pensar que las instituciones del mundo presente se mantendrán exactamente iguales en el mundo futuro. La construcción en pasiva, "serán considerados" quiere decir que quien considera o no, es Dios. Por debajo la afirmación se mueve la idea de un juicio que determina el derecho a la resurrección o no. A los elegidos les pasarán tres cosas: no podrán morir, por lo tanto no necesitaran engendrar y en consecuencia no necesitaran casarse. Además serán como ángeles que, según la literatura judía apócrifa son de naturaleza espiritual y no necesitan mujeres (1 Hen 15,6-7). Además de todo ello, serán hijos de Dios, es decir, participaran de la misma vida de Dios y, por tanto, de una vida total, no sometida a la muerte.

En la segunda parte, Jesús aporta la argumentación bíblica en favor de la resurrección. El texto bíblico procede del libro del Éxodo. Es un texto de la Torá, es de la misma categoría que el texto aportado por los saduceos porque éstos sólo admitían la autoridad de la Torá y, además, así debía ser en las discusiones rabínicas; dice así: "Di a los israelitas: El Señor, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob me envía a vosotros. Este es mi nombre para siempre "(Ex 3,15). Sólo los vivos pueden tener un Dios, por lo tanto la proclamación de que el Señor es el Dios de los patriarcas exige que Dios los mantenga vivos. Que este convencimiento de que los patriarcas viven estaba muy extendido lo avala el texto de 4 Macabeos: "Los que ponen su corazón en la piedad ... están seguros de que en Dios no mueren, como no murieron nuestros patriarcas Abraham, Isaac y Jacob sino que viven en Dios "(4 Mac 7,18-19). La vida de los patriarcas avala la realidad de la resurrección.

La cita de Ex 3,15 conlleva implícitamente poder afirmar que Dios es un Dios de vivos y no de muertos. Dios por lo que es y por lo que hace está vinculado con la vida. Él es el creador y el que protege y salva constantemente la vida de Israel (Dt 4,1.40). Dios es dador de vida, los salmos lo afirman abundantemente: "Cuando me hundía en la tierra de los muertos, me has vuelto a la vida" (30,4), "rescata de la muerte tu vida" (103,4 ), "no abandonarás mi vida en medio de los muertos ni dejarás caer en la fosa el que te ama. Me enseñarás el camino que lleva a la vida "(16,10-11). Dios no ha querido hacer los seres humanos y la creación para destinarlos a la muerte, Él apuesta decididamente en favor de la vida, de ahí que sea coherente pensar en la resurrección de los muertos.

Hay que dejar una puerta abierta a leer este texto en la perspectiva de la resurrección de Jesús. Si Abraham, Isaac y Jacob forman parte de los elegidos merecedores de resurrección, Jesús que es el elegido de Dios (Lc 9,35) lo será también con mucha más razón.

Domingo 32 durante el año. 10 de Noviembre de 2019