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El relato de los discípulos de Emaús forma parte de los textos más conocidos del evangelio de Lucas (24,13-35), lo leemos en el evangelio de este domingo. Los protagonistas del relato son Jesús y dos discípulos. Es muy habitual en el evangelio de Lucas la construcción de relatos donde lo que sucede gira en torno a dos personajes La mayor parte del relato de la presentación de Jesús en el templo la ocupan las intervenciones de Simeón y Ana (2,25 -38); la comunidad de Marta y María acogen Jesús (10,38-42) y Jesús envía de dos en dos los discípulos que tienen que ir delante suyo (10,1). La opción por el dúo en preferencia sobre el individuo aislado nos lleva a pensar que Lucas construye sus relatos en clave comunitaria y este es el caso de los discípulos de Emaús.

Hay elementos suficientes para pensar que la experiencia de los discípulos de Emaús es la experiencia de una comunidad. Representan una comunidad decepcionada, desencantada, las esperanzas depositadas en el liberador de Israel se han hundido, sólo queda abandonarlo todo y dejar Jerusalén. Es una comunidad incapaz de ver a Jesús que camina a su lado. A Lucas le interesa subrayar que sus ojos eran incapaces de reconocerlo. Lo hace con el fin de resaltar el momento del reconocimiento. No reconocen nada porque lo que realmente les importa es ver físicamente Jesús resucitado. El verbo en pasivo indica la dirección divina que lleva hacia el desenlace del reconocimiento. Sin la experiencia eucarística, que llevará al reconocimiento del resucitado, la comunidad es incapaz de decir sobre Jesús algo que vaya más allá de afirmar que Jesús es un profeta. Otra pista de la dimensión comunitaria del relato nos la da la comida de los discípulos con Jesús. En la comida se realiza la fracción del pan que es el gesto distintivo que caracteriza la comunidad cristiana tal como lo hace ver Lucas en la segunda parte de su obra, el libro de los Hechos: "Todos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en común, en la fracción del pan y en las oraciones "(Hch 4,42). Otro rasgo comunitario: la experiencia del reconocimiento no puede quedarse solo para ellos, la comparten con la comunidad y al mismo tiempo la comunidad avala la autenticidad de la experiencia. Estos elementos comunitarios del relato liberan de pensar que lo que sucedió a los discípulos de Emaús es un caso aislado que pasa a un par de discípulos que iban despistados. La experiencia de los discípulos de Emaús es experiencia de una comunidad cristiana que tiene que hacer el paso decisivo del reconocimiento de Jesús como viviente y resucitado.

Es interesante fijarse en la respuesta de Jesús. ¿Por qué la reacción de Jesús no es la de manifestarse en ese momento como resucitado de una manera triunfal y esplendorosa a fin de cortar de raíz todas las dudas ?. El reconocimiento lo deja para más adelante. Jesús imparte una auténtica catequesis bíblica. No hay textos específicos, Lucas pone en boca de Jesús una visión o una lectura global de la Escritura para que, a partir de ahora, las comunidades cristianas hagan una lectura a partir del hecho de la muerte y la resurrección de Jesús. La Escritura corrige la visión de los discípulos de Emaús: a la esperanza del liberador de Israel se contrapone la del Mesías sufriente, difícil de aceptar pero imprescindible para reconocer quién es realmente Jesús. Una vez recibida la instrucción por parte de Jesús los discípulos están a punto para que desaparezca la venda que les impide ver. La enseñanza del episodio de Emaús es que Jesús resucitado estará presente en la comunidad de sus discípulos, no de una manera visible sino en la fracción del pan, la celebración eucarística.

Domingo 3º de Pascua. 26 de Abril de 2020