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La carta a los Romanos termina con una exhortación encaminada a orientar el comportamiento que debe tener la comunidad cristiana. Un fragmento del tramo final de esta exhortación (Rm 15,4-9) lo leemos en la segunda lectura de este domingo.

Pablo habla de "la constancia y el consuelo que dan las Escrituras". Cuando Pablo habla de Escrituras se refiere básicamente a la Torá, nuestro Pentateuco, y los profetas. Los Escritos, lo que nosotros llamamos libros sapienciales, no habían entrado a formar parte del canon de la Escritura hebrea. En el momento en que Pablo escribe a los romanos (años 57-59 dC.) No se había cerrado todavía el canon judío. Este hecho se produjo en el Sínodo de Jamnia hacia finales del siglo I. Con todo, hay que tener en cuenta que dentro del propio judaísmo algunos libros gozaban de un gran prestigio; un ejemplo es el libro de los salmos, prueba de ello es que el mismo Pablo introduce una cita en el fragmento que hoy nos ocupa. Al mismo tiempo, se debe suponer que referencias y alusiones a la Escritura hebrea estaban presentes en las tradiciones y material que posteriormente serviría para elaborar los evangelios y otros escritos del Nuevo Testamento. Todo ello avala que Pablo, judío como era, y las primeras comunidades cristianas tuvieran una gran consideración y aprecio por la Escritura hebrea. Los primeros seguidores de Pablo mantuvieron la misma valoración. "Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, reprender, corregir y educar en el bien" dirá el autor de la segunda carta a Timoteo (3,16).

"Que Dios os conceda vivir unánimemente y de acuerdo unos con otros"; "Con un solo corazón y una sola voz glorificad a  Dios"; "Acogeos los unos a los otros". Tres veces en un corto fragmento de texto se insiste en la unión y la armonía dentro de la comunidad. Hay que tener en cuenta que el capítulo 15 de la carta a los Romanos se debe leer en la perspectiva del capítulo anterior. En él se describe el conflicto originado a raíz de los cristianos llamados débiles (14,1) que sentían la obligación de abstenerse de comer la carne que se vendía en los mercados y que procedía de los animales sacrificados a los ídolos. Es probable que estos cristianos débiles fueran judíos y por eso seguían observando las prescripciones judías en cuanto a comer carne sacrificada a los ídolos.

Otros cristianos que Pablo llama los fuertes (15,1) entendían que, al no tener los ídolos ninguna entidad ni ninguna relevancia, la carne a ellos sacrificada no tenía ningún significado especial, por tanto, no había ninguna razón que los llevara a sentirse obligados a abstenerse de comer la carne que se vendía en los mercados. Además de eso, había otras tensiones relacionadas con la observancia de determinadas fiestas y la costumbre de beber vino. La mayoría de cristianos fuertes eran gentiles, es decir, provenientes del paganismo.

Pablo pide, como hemos visto, unión y armonía dentro de la comunidad y para mantenerla será necesario que los fuertes sean comprensivos hacia los débiles y que por consideración a ellos se avengan a las prácticas sobre comer y beber que tienen los débiles.

Estas explicaciones hacen más comprensible la argumentación de Pablo expuesta en el versículo 8. Jesús se pone al servicio del pueblo de Israel para demostrar que Dios ha llevado a cabo y cumplido del todo la promesa hecha a Abraham. Esta era la de ser padre de un gran pueblo y en este gran pueblo se incluyen israelitas y paganos. La unidad entre israelitas y paganos radica en el hecho de pertenecer a un único pueblo liberado por Jesús. Esta unidad es la que justifica la unidad de la comunidad cristiana compuesta por miembros que provienen del judaísmo y del paganismo. La actitud de servicio de Jesús es la que Pablo pide que los fuertes tengan hacia los débiles.

Domingo 2º de Adviento 8 de Diciembre de 2019