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El género literario por excelencia de los escritos proféticos es el oráculo, por eso sorprende que en el libro de Jeremías encontremos un pequeño himno de estilo sapiencial que leemos en la primera lectura de este domingo (Jr 17,5-8) . El fenómeno puede explicarse por el hecho de que el libro de Jeremías es una obra resultado de la fusión de muchas aportaciones.

El texto que nos ocupa utiliza el paralelismo sinonímico antitético. Es un recurso que frecuentemente encontramos en la Biblia. Consiste en que una idea, un pensamiento o un concepto se afirma positivamente o negativamente y luego se vuelve a afirmar como si fuera un sinónimo, en negativo, si antes era en positivo, o en positivo, si antes era negativo. En nuestro texto la confianza en Dios está presentada primero de forma negativa acompañada de la imagen de la tierra árida y seguidamente en positivo acompañada de la imagen de la tierra fértil.

También encontramos aquí un eco del género de las bendiciones / maldiciones. Lo muestra los adjetivos maldito y bendito que introducen cada una de las partes del relato. En el libro del Deuteronomio (28) se encuentran listas de abundantes bendiciones o maldiciones que prometen prosperidad a quienes cumplen la ley y desgracias a quienes no.

Este pequeño poema sapiencial esta colocado justo después de un oráculo (Jr 17,1-4) con el que el profeta reprocha al reino de Judá su idolatría y predice el exilio de Babilonia. El poema resulta pues un excurso o un comentario a esta situación. El Judá idólatra es como el hombre que confía en los hombres y abandona el Señor. El tema del hombre que confía más en él que en Señor está presente en otros lugares de la Escritura. "Feliz el hombre que confía en el Señor y no busca la ayuda de los ídolos que se fían de esperanzas engañosas" (Sal 40,5) y también 118,8-9 y 146,3.5. Jeremías ha visto desde primera fila que los dirigentes del reino de Judá, ante la acometida de los babilonios, confían con una alianza con Egipto que les permita librarse de las exigencias tributarias del enemigo invasor. Por eso habla de poner la fuerza en el brazo (posible referencia al poder militar egipcio). La oposición a la alianza con Egipto le cuesta a Jeremías disgustos, burlas y persecuciones.

La que está muy clara es la influencia en este pequeño poema del salmo 1. En este sobresale la imagen del justo comparado a un árbol arraigado junto al agua y que no se marchita en su follaje. En contraposición se describe la inconsistencia del injusto comparado con la paja esparcida por el viento. El tema del árbol frondoso también lo encontramos en el Salmo 52,10; Pr 3,18; Sir 24,13.

El hombre que se aleja del Señor es comparado, en nuestro texto, a una planta improductiva. La falta de agua, el bochorno del desierto y la sal de la tierra actúan como dificultades que hacen muy difícil la vida. La supervivencia en estas condiciones es muy difícil. Es el tipo de existencia marginal que le toca vivir a aquel que sólo confía en los simples mortales.

El hombre que confía en el Señor es comparado a un árbol frondoso. La descripción es paradisíaca en perfecto contraste con la negatividad del desierto. Lo que llama la atención es la supervivencia del que confía en el Señor ante las dificultades. La falta de agua, el calor y la sal eran, en el caso del malvado, las dificultades que actuaban como factores que impiden la vida, en el caso del hombre justo las dificultades son similares: calor, sequía pero éstas no ejercen ningún tipo de influencia. La confianza en Dios está simbolizada por la cantidad de agua que asegura la prosperidad incluso en las adversidades más crudas y difíciles.

Domingo 6º durante el año. 17 de Febrero de 2018.