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El libro de los Números es el cuarto de la Tora, nuestro Pentateuco. Su redacción definitiva hay que situarla en los tiempos después del exilio de Babilonia pero contiene elementos y tradiciones de épocas muy diversas que se fueron reuniendo vertebradas por el tema de la estancia de Israel en el desierto en la etapa inmediata antes de entrar en la tierra prometida. De este libro leemos un fragmento en la primera lectura de este domingo (Nm 11,15-29) que explica cómo 70 ancianos reciben el Espíritu de Dios para ayudar a Moisés en el gobierno del pueblo.

En los relatos bíblicos los ancianos son una especie de concejales que tienen una misión importante en la vida sociopolítica y religiosa del pueblo y se dedican sobre todo a tareas de consejo y de justicia. La institución como tal la encontramos presente en muchos momentos de la historia de Israel. Actúan como representantes del pueblo en Ex 3,16; 24,1.9; Dt 31,9;  Jos 23,2; como jueces a Ex18,13-26; pueden actuar en tiempos de la monarquía como consejeros del rey, en el primer libro de los Reyes vemos como el rey Roboam pide consejo a los ancianos cuando el pueblo le pide que aligere la dura servidumbre (1 Re 12,6.8); pueden ser sus interlocutores (1Sa 16,4). En una ciudad cualquiera el consejo gobernante estaba formado por los ancianos que tenían la responsabilidad de velar por el bien de la población; esto se puede deducir de la noticia que da el libro de Rut cuando explica que Booz quiere dirimir la cuestión de los derechos sobre un campo ante un consejo de ancianos (Rt 4,1-2), también el salmo 107,32 habla del consejo de ancianos.

Aunque la institución de los ancianos es más propia de una cultura y civilización sedentarias, todas las fuentes literarias remontan su origen en la época de Moisés. Si la institución de los ancianos se dedicaba al juicio y el consejo, a que viene que este texto hable de que se les da el Espíritu del Señor para ejercer la profecía? Situado este pasaje en el libro de los Números, uno de los libros de la Torá, la Ley, hace que se atribuya a la institución de los ancianos un carácter sagrado y funde su razón de ser y la importancia que siempre tuvo tanto en la vida religiosa como política de Israel.

Además de dignificar la institución, el relato liga la posesión del Espíritu con la profecía. Es un paso importante ya que hace que la posesión del Espíritu esté encaminada más allá del ejercicio de la justicia o la comprensión de textos. El relato introduce una particularidad que no puede ser objeto de olvido. El Espíritu desciende sobre Eldad y Medad que no se encuentran en la tienda del encuentro sino en el campamento. La diferencia entre los dos lugares es significativa. La tienda del encuentro servía de santuario a los israelitas durante su estancia en el desierto. En él se guardaba el Arca de la alianza y las tablas de la ley. Era el signo de la presencia de Dios en medio del pueblo que se manifestaba en forma de nube. Era el equivalente a lo que posteriormente sería el templo de Jerusalén. Moisés entraba en ella para encontrarse con Dios y hacer consultas. Era el espacio sagrado por excelencia durante la estancia de Israel en el desierto. El campamento, por decirlo de alguna manera, era el espacio laico, sin ninguna connotación religiosa especial. Pues bien, lo interesante del relato es que el Espíritu de Dios se hace presente en los dos espacios. El hecho muestra que Dios no siempre comunica el Espíritu por los canales oficiales. La queja de Josué hace evidente la gran tentación de la autoridad religiosa de monopolizar el Espíritu, pero este se comunica a quien quiere, como quiere y cuando quiere. El deseo de Moisés anticipa la promesa que el libro de Joel profetiza para los tiempos mesiánicos: "derramaré mi Espíritu sobre todos" (3,1) y que llegará a su plenitud con la venida del Espíritu Santo (Hch 2,1 -13) sobre la comunidad de Jesús.

Domingo 26 durante el año. 26 de Septiembre de 2021