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Hemos creído en un solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Creemos en el que Ama, en el Amado y en el Amor.

Como un punto previo, aclararé que cuando decimos "Creo en Dios" queremos decir en primer lugar: "creo que hay un solo Dios"; es lo que creemos, el objeto material de la fe. En segundo lugar, "creemos a Dios", creemos su Palabra, le queremos imitar -obedecer- en todo lo que es su voluntad. En tercer lugar, significamos que "creemos hacia Dios": atraídos por Él y hacia Él, en un proceso práctico en que Él quiere que le imitemos y nosotros queremos imitarlo, siguiendo a Jesucristo.

Ahora se produce en el "Credo" un significativo cambio de nivel cuando afirmamos que nuestra fe llega a abarcar la Iglesia Católica. Ahora decimos que "creemos la Iglesia", lo que en catalán, castellano, francés, etc., queda tan duro que, en la práctica, debemos decir -dejando la traducción literal del latín- "creo en la Iglesia".

¿Qué quiere evitar el latín cuando dice: "Credo Ecclesiam"? Quiere evitar que el creyendo diga "Creo en la Iglesia" exactamente igual que cuando dice "Creo en Dios". No se trata de creer en una cuarta persona de la Trinidad. Aquí radica lo más importante: la Iglesia es servicio a Dios, es -toda ella- camino hacia Dios. Es el lugar en el que se cree. Pero no es Dios, el cual se nos revela en Jesucristo.

Ahora bien, me siento llamado a dar un paso adelante y a asumir que pertenezco a la comunidad de la fe: la vemos y la palpamos con sus defectos pero también con los dones que Dios le da: Cristo, el Espíritu, el Evangelio y los Santos.

Porque la Iglesia es visible, pero nos hace caminar -obedientes a la Palabra que ella guarda- hacia el Padre invisible por quien, en definitiva, nos sentimos atraídos como niños. Debemos caminar imitando la misericordia del Padre, gracias a su Don que es el Espíritu Santo.

¿Vemos que Dios se implica con su Iglesia?

El vuelo de la fe nos llevará a vivir:

a) Contentos de ser Iglesia, porque ella no es una pura organización al margen de Dios y de las personas humanas; ella no es una pura estructura en la que no cuente el "corazón" de cada uno.

b) Libres; libres para ser nosotros mismos; libres para decir "sí" a Dios con todo lo que somos y tenemos. Si se produjera un auténtico recorte en nuestro crecimiento como personas que aman a Dios y los demás, este recorte no sería según el querer de Dios, ya que él quiere que seamos personas y -por tanto- que seamos libres como Jesús, el Hijo amado, lleno del Espíritu Santo; como María que dijo un "sí" de salvación .

Sobre la Comunión de los Santos, sólo una palabra. Antes he dicho que la Iglesia visible la vemos y la palpamos con todos sus defectos. Esto quiere decir que los fallos y los antitestimonio nos quedan cerca; también los dones o favores de Dios, que se concretan en sus Santos, nos afectan íntimamente: no sólo nos quedan cerca sino que nos llegan al corazón.

Un ejemplo: me acuerdo -antes de 1950- la alegría que me producía encontrar por Barcelona al Dr. Pere Tarrés. Era como de la familia y, ahora, en el cielo, lleno del Espíritu Santo, es más que de la familia: forma parte de la compañía de los santos de Dios que nos acompañan como un gozo en la vida de fe. La Comunión de los Santos es la gran nube de testimonios que nos rodean en el camino hacia el Reino de Dios.