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Al profeta Miqueas le tocó vivir un panorama político nada esperanzador, agravado por el mal comportamiento de los dirigentes poítics y religiosos. Ante esto el profeta proclama una serie de oráculos, alternando la amenaza de castigo con la esperanza del advenimiento de un renovado reino mesiánico. Un nuevo comentario de las lecturas de este domingo a cargo del teólogo Josep M. Solà.

 

LA PEQUEÑEZ DE BELÉN

En la primera lectura de este 4º domingo de Adviento, leemos un texto del profeta Miqueas. Poco usado en la liturgia y poco conocidoscontenido, no está de situar la persona, la actividad de este profeta y los rasgos fundamentales de sus escritos. Los pocos datos históricos de su predicación nos las da el primer versículo del libro: "Miqueas de Morèixet en tiempos de Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá, palabra revelada sobre Samaria y Jerusalén". Miqueas es, pues, un contemporáneo de Isaías, originari del reino de Judá, que, durante el siglo VIII aC., hará objeto de su predicación lo que pasa en Samaria y Jerusalén. En cuanto a los acontecimientos históricos que le tocará vivir, hay que recordar que Teglatfalassar III, rey de Asiria conquista Damasco el 732 aC.; Samaría caerá el 722 y Jerusalén sufrirá un asedio el 701, sin que, de momento, llegue a ser conquistada . Estos hechos debieran impactar y, como otros profetas dirán, las desgracias políticas tienen su causa en el mal comportamiento, sobre todo de los dirigentes tanto civiles como religiosos. Y serán precisamente estos dos colectivos de dirigentes, las élites de Jerusalén y Samaria, los destinatarios de su predicación.

En cuanto al libro, tal como lo tenemos, hay un consenso bastante extendido entre eos comentaristas que los tres primeros capítulos del libro procederían del propio Miqueas, el resto proviene de su escuela o son añadidos posteriores. La lectura que leemos hoy entraría en esta parte del libro. Como es habitual en la literatura profética hay una alternancia entre los oráculos de juicio y los oráculos de salvación.

En sintonía con los otros profetas del siglo VIII aC., Amós, Oseas, Isaías, a Miqueas le preocupa la injusticia social. Es impactante la actualidad de su mensaje cuando dice: "Ay de los que, desde la cama, planean el mal y, al hacerse claro, la ejecutan, abusando del poder que tienen en sus manos. Si desean campos, los roban, si quieren casas, las toman; extorsionan el dueño de casa y su familia, le arrebatan la heredad "(2,1 s). Mientras que gobernantes y comerciantes estafan y roban a los pobres ya los humildes, los sacerdotes y los profetas adaptan sus palabras para agradar a sus destinatarios (3,9-11).

En medio de este panorama surgen los oráculos de esperanza de un futuro mejor. Uno de estos es el texto, que leemos hoy. El oráculo está centrado en la esperanza de un nuevo Israel, que surgirá de idiomas de ré, Un resto y que tendrá por caudillo un descendiente de David, que actuará como auténtico pastor y traerá la paz. Miqueas recuerda el origen de David, Belén (1 Sa 16,1) y lo hace resaltando la pequeñez de Belén, seguramente por contrastarla con Jerusalén, la capital de residencia de la dinastía davídica. De hecho Jerusalén, en tiempos de David, fue una ciudad pobremente desarrollada, fue, en escogerla David para hacerla la capital del reino, cuando se convirtió en el emblema de la dinastía davídica. Miqueas quiere, pero, volver a los orígenes humildes del mesianismo de David y es por ello que hace mención de la ciudad de Belén. Esta humildad queda enfatizada por el recuerdo del oficio de David: pastor. El nuevo gobernante del nuevo Israel debe dirigir su pueblo como un pastor vela por su rebaño y no con la preparamostencia de los dirigentes que el profeta critica.

El versículo 2 puede presentar una lectura dificultosa. La que debe luz se refiere a la madre del nuevo rey y, hasta que esto no ocurra, Dios tendrá abandonado su pueblo. Recordemos que por Isaías la chica que infanta un hijo es también señal de un nuevo tiempo mesiánico (Is 7,14). La reunión del resto de hermanos con los hiloos de Israel hace referencia a la unidad de los reinos del sur y del norte, reunión idílica, que tuvo lugar en tiempos del rey David. Vistos los hechos políticos posteriores, ni gobernantes, ni sacerdotes, ni profetas, ni pole en general habrían hecho mucho caso del afán predicador del profeta Miqueas.

 

Domingo IV de Adviento

23 de Diciembre de 2012