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Un repaso histórico en forma de visión es el preludio a tener en cuenta para valorar la intervención del ángel Miguel para salvar al pueblo y el anuncio de la resurrección que permitirá que los justos resplandecerán como la luz. Un comentario del teólogo Josep M. Solà para las lecturas de este domingo.

 

 

PROFETIZAR EL FIN

El capítulo 10 del libro de Daniel describe los preparativos de una visión, que se detalla a todo lo largo del capítulo 11. Los primeros versículos (1-3) del capítulo 12 cierran la exposición de la larga visión, anunciando el momento en que será salvado al pueblo. Estos versículos son los que se leen en la lectura de este domingo.

La narración de la visión es un "vaticinium ex eventuales", es decir, la presentación de unos hechos, que ya se han producido, en forma de profecía o predicción como si aún no hubieran ocurrido. Tratándose de hechos históricos, la finalidad, en este caso, no es otra que mostrar a Dios, Señor de la historia y que nada de lo que pasa o tiene que pasar escapa a su control Repasar el hechos históricos que nutren el contenido de esta visión es muy útil para situar el contexto histórico al que se refiere el libro de Daniel.

En 539 aC. Ciro permitió que los exiliados en Babilonia pudieran volver a su tierra y rehacer las instituciones de su país. Al dominio persa siguió el dominio griego. Cuando murió Alejandro Magno (323 aC.), los territorios conquistados se repartieron entre los lágidas y los seléucidas. Mientras Israel vivió bajo el dominio de los primeros, le fueron bien las cosas, pero la situación se complicó con el advenimiento de los seléucidas, que intentaron helenizado los judíos, enfrentándose a sus prácticas religiosas tradicionales. El punto álgido de esta situación ocurra & eacute; durante el reinado de Antíoco IV Epífanes, que emprendió una cruel persecución contra quienes se oponían a su política a favor de la helenismo y en contra el judaísmo. La rebelión de los Macabeos debe situarse en este momento histórico.

Los primeros versículos del capítulo 12, como hemos dicho, anuncian el fin de las persecuciones, con un lenguaje típico de la literatura apocalíptica. El período final vendrá marcado por la intervención del ángel Miguel, que hará junto a los que luchan contra la tiranía de Antíoco IV. En la literatura apocalíptica es frecuente la intervención de ángeles. En esto se nota una diferencia respecto a las intervenciones directas de Dios, luchando a favor de su pueblo, en el momento de la salida de Egipto: "El Señor peleará por vosotros: no tendrá que hacer más que mirar" (Ex 14,14). El interés por los ángeles es producto de la influencia de la cultura y religión persa, que llegó a Israel a través de Babilonia. Los israelitas imaginaron Yahvé rodeado de una corte celestial de grandes personajes, estos actuarían de mensajeros y servidores interviniendo por encargo de Dios en misiones concretas y específicas. La intervención de los ángeles crece en la medida que aumenta el distanciamiento trascendente entre Dios y los hombres. Además distancia más necesidad de seres intermedios, que aseguren la comunicación.

Este texto es básico para lo que se refiere al tema de la resurrección. Es la primera vez que en el Antiguo Testamento se habla y más claramente de la resurrección de los muertos. Esta creencia irá experimentando su desarrollo. Aquí la encontramos afirmada en un carácter individual no universal y se deduce que los destinatarios son sólo los miembros del pueblo de Israel. Eso sí en una clara distinción entre quienes se han opuesto a Antíoco IV y han sido víctimas de la persecución y los que, renegando de su fe y tradición, se han avenido a la política de helenización del cruel monarca.

El libro de Daniel se escribe con la pretensión de animar a los judíos que se mantienen fieles a su fe ancestral en el momento que se podían sentir seducidos por la pagana cultura helenista.

 

Domingo 33 de ordinario

18 de noviembre de 2012