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En el texto de la carta a los Hebreos que leemos en la segunda lectura de este domingo, se encuentran expresiones como sacrificio, ofrenda, aspersión de sangre o ceniza, redimir. Es un lenguaje extraño para el lector moderno de la Biblia. ¿Con qué finalidad el autor las ha introducido en el texto? ¿Cómo deben ser comprendidas en la actualidad. Es el comentario de hoy, cuando la Iglesia celebra la solemnisat del Corpus, que nos hace Josep M. Solà.

EXPLICAR LA MUERTE

En la segunda lectura de este domingo se lee un texto (Hb 9,11-15) de la carta a los Hebreos, que es el núcleo de todo lo que se dice sobre Jesús en este libro bíblico. El texto quiere mostrar la superioridad del sacerdocio de Jesús sobre cualquier otra forma del ejercicio sacerdotal y lo hace,estableciendo una comparación entre el sacrificio judío del gran día de la expiación,-el Iom Kippur-y la muerte de Jesús en la cruz presentada como un sacrificio.

El autor tiene muy presentes los dos grandes sacrificios del día de la expiación: el del ternero, que el gran sacerdote tenía que ofrecer por los pecados del pueblo y el del chivo expiatorio, que s'aviava el desierto cargado con los pecados deel pueblo (Lv 16,15.21.22). Hay, además, una referencia al sacrificio de la vaca roja. Este extraño sacrificio está descrito en Nm 19. La ley ceremonial judía preveía que, si alguien tocaba un cuerpo muerto, quedaba impuro y, en consecuencia, excluido del culto y todo lo que entraba en contacto con este cuerpo muerto o todo el que lo tocaba quedaba contaminado. Con el fin de restablecer el estado de pureza se había previsto un sacrificio, consistente en matar a una vaca roja fuera del campamento. El sumo sacerdote esparcía la sangre de la vaca siete veces ante el tabernáculo. Se quemaba la vaca y las cenizas, que quedaban, se dejaban fuera del campamento, después de asperjar con ellas los impuros. El autor de Hebreos entiende que la muerte de Jesús es una superación total de los sacrificios del templo. Para empezar hay ha un desplazamiento local del templo se pasa al cielo. En segundo lugar, Jesús le basta con un único sacrificio, a diferencia del gran sacerdote, que tenía que hacerlo una vez cada año. Y, sobre todo, el valor cualitativo de su sangre, que, por supuesto, no es el valor de la sangre de chivos y terneros.

Hasta aquí vemos como el autor de Hebreos construye y argumenta su discurso, pero todas estas imágenes de sacrificios, ofrendas, aspersiones, purificaciones y redenciones resultan extrañas a la mentalidad del lector moderno de los textos escriturísticos. Suenan a lenguaje mitológico superado. ¿Pueden pesar de todo decir todavía algo?

Desde la óptica de nuestro mundo moderno la vida y la muerte se muestran a menudo como dos realidades opuestas, por no decir contradictorias. En cambio, para el ser humano, antepasado nuestro en la historia, entre estas dos realidades hay una relación de gran afinidad. El sacrificio, en tanto que ritual que mata y destruye la vida, otorga, paradójicamente, la fecundidad, hace crecer, da la vida. Visto así, vida y muerte no son realidades contradictorias, sino complementarias. La convicción de la bondad del sacrificio cruento aparece con la cultura agraria. Con el sembrar y recoger las comunidades primitivas van comprendiendo que la vida sólo puede salir de algo que muere, y toda creación implica una transferencia de vida. A través del sacrificio la energía de la víctima se proyecto sobre quién o qué debe ser creado.

Evidentemente que el autor de la carta a los Hebreos se vale de un lenguaje muy cargado y complicado para afirmar una realidad muy sencilla: el valor de la muerte de Jesús. Era necesario afirmarlo ante los grupos gnósticos que negaban la realidad de la muerte de Jesús y su valor. Si, por definición, el sacrificio pone en relación los humanos con la divinidad, la muerte de Jesús, contada como un sacrificio, como una libre y total donación a Dios puede ser enteaa como el evento que abre el camino de la comunión de los creyentes a Dios. Explicada de una o de otra manera no se puede entender a Jesús sin su muerte.

Festividad del Cuerpo y la Sangre de Jesús
Domingo 10 de Junio ​​de 2012