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Entre los catalanes crece la percepción de que, en el Estado dentro del cual vivimos la mayoría, no paran de aumentar las trabas para avanzar hacia un reconocimiento pleno de la lengua y la cultura, hacia un equilibrio económico y territorial más justo. La Constitución ya ponía trabas a un Estado pluricultural y, por supuesto, plurinacional, pero entre muchos catalanes había la esperanza de que era un punto de partida y se podría avanzar hacia un federalismo o confederalismo de verdad. Buena parte de los partidos catalanes de izquierda apuntaban este camino, aunque quizás con horizontes lejanos diferentes. Han pasado más de treinta años y crece la percepción de que estas perspectivas han fracasado. Y todo esto ocurre en un contexto de crisis diversas, algunas de las cuales la población es más consciente que de otras y sufre las consecuencias de manera inmediata. Y mucha gente, cuando tanto cuesta que se ilusione, se ha ido animando con la propuesta de pasar a ser un nuevo Estado de Europa.

Como personas que queremos ser cristianas y de izquierdas, tenemos que aportar nuestro esfuerzo, trabajo y perspectiva desde los lugares y partidos en los que estamos comprometidos, cada uno con sus proyectos. ¿Qué debemos aportar? Garantizar el respeto por quien piensa diferente, garantizar la pluralidad que permite la convivencia, hacer patente que creemos en la igualdad de los pueblos y culturas, continuar trabajando por la solidaridad dentro de Europa y en el mundo, establecer una ley electoral más justa, buscar canales de participación democrática más eficaces y directas, trabajar para minimizar los obstáculos y dificultades que habrá que superar, luchar para que los planes de austeridad que requieren la economía y la sobreexplotación del planeta se carguen en primer lugar en quién tiene más y garanticen la educación, la salud y la vivienda a todos, a través de redistribuir el trabajo, potenciar la economía social, intensificar la lucha contra la resolución armada de los conflictos, contra las políticas armamentísticas y por la desaparición del armamento nuclear, reglamentar bancos y finanzas ... Derechos humanos, derechos de los pueblos y derechos de la Tierra deben ir de la mano, deben ser para nosotros los tres cabos de una misma trenza.