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En estos días de enorme tensión y agitación política en los países árabes como consecuencia de la guerra civil en Siria y del acoso a las embajadas occidentales en el oriente, bajo el pretexto de un vídeo lamentable, difamatorio de Mahoma, colgado en youtube hace seis meses, Beirut ha acogido al Papa Benedicto XVI. Por su situación geográfica, por su composición religiosa, por su sangrienta historia reciente y por su dependencia desde hace años de Siria, cualquier viaje a Beirut habría sido difícil. Esta vez, sin embargo, parecía imposible. Y precisamente porque era casi imposible, este viaje ha tenido un valor emblemático.

Más allá del valor de apoyo y aprecio a la minoría cristiana del Líbano y, en general, a los cristianos de Oriente Medio, la presencia del Papa ha representado un llamamiento a la paz, a la convivencia, al respeto y al diálogo entre las diferentes religiones abrahámicas que conviven mal en este territorio tan importante de la historia humana. Aquellas tierras han sido la cuna del Dios de Israel, del Jesús de los cristianos y del profeta Mahoma. Ahora, los cristianos, cada vez más minoritarios, se encuentran en la obligación de emigrar hacia occidente ante la presión de grupos islamistas y los diferentes conflictos civiles. Los cristianos, erróneamente, están vistos como minorías occidentalizadas impuestas en aquellos países, cuando en la gran mayoría de los casos son poblaciones presentes en aquellos territorios desde hace muchos siglos, incluso antes de la predicación de Mahoma.
 
La visita del Papa a Beirut debería empujar mucho más nuestro aprecio y solidaridad con los cristianos de Oriente Medio. Su viaje valiente, su llamamiento a la paz, la convivencia y el diálogo debería ser también el nuestro. La primavera árabe, inicialmente impulsada por grupos que pedían una democratización de las estructuras de poder autoritarias, está decantándose en favor de los grupos radicales islamistas y podría significar un paso más en contra de los cristianos.
 
De la misma manera que nosotros defendemos la libertad religiosa en las sociedades occidentales, los países árabes, y en general los países con mayorías musulmanas, deben asegurar la libertad religiosa de los cristianos y de otras confesiones. Sin esta libertad, el horizonte de nuevos autoritarismos de cuño religioso puede convertirse en una nueva plaga.

Por todo ello, este viaje en estos momentos convulsos tiene un valor muy grande y el apoyo de todos los cristianos más allá de las diferentes denominaciones. Es una reivindicación de la convivencia y el diálogo, que aún son posibles.