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La Iglesia católica ha emprendido un ambicioso plan orientado a promover la Nueva Evangelización. Se trata de una iniciativa que deriva de la voluntad de Benedicto XVI de girar la mirada de las personas hacia Dios. En este sentido se han articulado varias actuaciones que tienen como eje volver situar el mensaje cristiano en medio de la sociedad. Esta nueva evangelización es, en definitiva, la continuación de le evangelización que desde siempre ha hecho la Iglesia católica. El acento hoy está en enfatizar el carácter misionero de las iglesias locales y asumir que el destinatario de esta evangelización no sólo son los no creyentes, sino también los creyentes.

El gran reto de los cristianos es proclamar la Buena Nueva en una sociedad secularizada que no dejará de serlo. Este es el contexto en el cual hoy se inserta la confesión de la fe. Es cierto que la secularización, como muy bien ha indicado Benedicto XVI, ha sacado cualquier referencia al Trascendente; pero no anula la libertad individual y colectiva de situarnos en búsqueda de esta dimensión vertical de la existencia. La secularización no sólo afecta a la sociedad, sino que también se proyecto al propio interior de la realidad eclesial. Por lo cual la nueva evangelización debe articularse desde el interior de la Iglesia católica para que los cristianos, en su estilo de vida y el comportamiento diario, evidenciemos a la sociedad la necesidad de Dios y, si es el caso, de volver la mirada hacia Dios.