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El Archivo Secreto Vaticano desencadena, como todo lo que se califica de "secreto", la imaginación de prácticamente todo el mundo. Lo que la mayoría de la gente no sabe es que en el caso del Archivo Vaticano la designación de "secreto" viene del latín secretum, que quiere decir privado. Y siendo propiedad del Papa no fue hasta finales del siglo XIX cuando pudieron tener acceso los historiadores y estudiosos. Permanece cerrado al público. Por ello es de gran interés la exposición que este miércoles se inaugura en los Museos Capitolinos de Roma: Lux in Arcana, el Archivo Vaticano se revela.
 
Hasta el 9 de septiembre los visitantes de esta muestra podrán ver 100 documentos valiosísimos del Archivo Secreto Vaticano. Y es que, desde los primeros siglos del cristianismo, los papas conservaron con cuidado las escrituras que tenían relación con el ejercicio de su actividad. Los documentos de los siete primeros siglos, sin embargo, no han resistido el paso del tiempo. Actualmente el patrimonio, archivado a lo largo de 85 km. lineares de estanterías, cubre un arco cronológico de casi doce siglos (VIII-XX).
 
Es difícil hacer una selección de los documentos más destacados de la exposición, ya que todos son de gran interés. Desde las Actas del Juicio contra los Caballeros del Temple (1311), a la Bula de excomunión de Lutero (1520), pasando por una carta de Miguel Ángel, preocupado por la interrupción de las obras en San Pedro, o la última carta de la reina escocesa María Estuardo, dirigida a Sixto V antes de subir al patíbulo.
 
Seguramente también captarán la atracción del público las actas del juicio contra Galileo, fechadas en 1633, o el Dictatus Papae de 1075, un documento que contiene 27 proposiciones dictadas por Gregorio VII que decretan la supremacía pontificia sobre cualquier otro poder, incluso el del emperador. Según este Dictatus, sólo el Papa puede reformar cualquier sentencia emanada por alguien que no sea él mismo, sólo a él le han de besar los pies los príncipes, nadie le puede juzgar... La proposición con más consecuencias políticas es la que dice: "A él, le es lícito destituir a los emperadores". Y es a esta proposición a la que apeló Inocencio IV en 1245 para deponer al emperador Federico II, tal como resulta en una Bula que se puede ver también en esta exposición romana.
 
Sin duda hay que destacar el interés de algunos documentos del período la Segunda Guerra Mundial, relativos al pontificado de Pío XII, que hasta ahora habían sido vedados incluso a los historiadores. Esto porque el libre acceso a los estudiosos se realiza de manera retroactiva por pontificados. Actualmente el límite es el pontificado de Pío XI (1939), a excepción de los documentos del Concilio Vaticano II (1962-1965) y el fondo Prisioneros de Guerra (1939-1947).
 
Esta exposición es un buen motivo más para una escapada a Roma.