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Muchas evidencias señalan que en nuestra sociedad se produce una cierta recuperación de la espiritualidad. Esta adquiere tonalidades diferentes bajo nombres diversos: grupos de plegaria, ofertas de meditación, ejercicios espirituales, etc... Incluso, existen cada vez más estudios científicos que demuestran el sustrato somático cerebral de la experiencia espiritual. Estos trabajos confirman que la experiencia espiritual, además de una vivencia interior que puede llegar a ser extraordinariamente complaciente, es también un hecho con una manifestación corporal. Cuerpo y espíritu quedan transformados por aquello que sucede en el interior de la persona.

La experiencia espiritual está condicionada por los parámetros culturales de cada individuo. Por eso, una misma vivencia interior, puede tener unas expresiones y representaciones totalmente diferentes. Esta diversidad cultural en los fenómenos relacionados con las manifestaciones del espíritu comparte un común denominador entre las diferentes vivencias espirituales. Todas ellas tienen en común, por ejemplo, el experimentar una emoción espiritual, un ensanchamiento de la conciencia, una iluminación de la mente y una paz de corazón. Todo esto hace más buenas a las personas. La experiencia de lo sagrado, sea cual sea el nombre de este referente, transforma el interior de los individuos. Esta experiencia cambia las emociones, la psicología y el espíritu.
 
Pero no todas las personas asocian su religiosidad con una experiencia espiritual. Para  muchas personas la religión es, básicamente, una fuente de referentes de identidad (individual o colectiva), una moral o unas pautas de comportamiento, o unas reglas y símbolos. En estos casos la religión, al perder su dimensión espiritual, se ha convertido en un hecho social o cultural. Muy respetable, pero parcial. Quizás ahora se debería proponer recorrer el camino de volver a vincular religión y espiritualidad de tal manera que la profesión de fe, el “yo creo”, sea también una deseada experiencia espiritual de reencuentro con lo sagrado.