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(CR) Este fin de semana han tenido amplio eco las declaraciones del nuevo secretario de la Conferencia Episcopal Española (CEE), José María Gil Tamayo. El nuevo portavoz repite exactamente los mismos argumentos que han utilizado en los últimos años varios documentos de la CEE. Son textos aprobados por la Plenaria o por la Permanente de este organismo que, habitualmente, han contado con la oposición de buena parte de los obispos catalanes. A partir de estas citas, Gil Tamayo reitera la posición oficial de la CEE, que considera que "no sería prudente ni moralmente aceptable" alterar la unidad de España.

Este domingo, una vez más, ha sido desde la Abadía de Montserrat que se ha dado respuesta a estas declaraciones. El monje Salvador Plans, que presidía la misa conventual, se ha referido a estos argumentos en la semana en la que se ha aprobado la pregunta que se quiere someter a referéndum sobre el futuro político de Cataluña. Plans expuso durante la homilía que "nos duele que el camino que sigue nuestro pueblo sea considerado por algunos cristianos 'imprudente y moralmente inaceptable'".

Este es el texto completo de la homilía:

III DOMINGO DE ADVIENTO

15 de diciembre de 2013. Textos: Is 35,1-6.10 / St 5,7-10 / Mt 11,2-11. Homilía de Salvador Plans en la misa conventual

Queridos hermanos:

Navidad, el gran misterio de la salvación, no sólo es recordado y celebrado, sino también vivido. Pero, ¿es de verdad vivido? Su gracia ¿realmente nos renueva? Sólo puede renovarnos si tenemos voluntad de estar disponibles interiormente y humildemente. Si queremos celebrar bien la Navidad necesitamos concelebrar con la pobreza de Belén. Esta pobreza esconde la alegría de este misterio. La actual crisis que padecemos no es solamente una crisis económica, sino también una crisis de humanidad y de humildad. No salimos de casa para ir a adorar al Niño. Los que dirigen los destinos de los pueblos, tal como nos ha dicho el profeta Isaías, nos llevan a ver cómo una minoría de poderosos tienen un bienestar insensato y deshumanizador y someten a los más pobres a soportar una vida miserable.

Pero el profeta del Adviento, Isaías, todavía hoy proclama la liberación de esta situación con el anuncio de que Dios está con nosotros. Nos dice que el pueblo nunca más será esclavo y que retornará a la patria lleno de alegría. El Apóstol Santiago nos invita a la esperanza y a la paciencia, porque en esta espera vendrá Aquel que nunca nos ha dejado. Y en el salmo hemos cantado que el Señor es fiel para siempre. De esta manera, hermanos, la liturgia de este domingo nos invita a esperar con alegría y nos ayuda a salir de todas las esclavitudes.

Esta reflexión de fe es normal que la vivamos en nuestro aquí y ahora. Dos hechos recientes nos mueven a reflexionar como cristianos que vivimos en Cataluña. Como cristianos, el Papa Francisco acaba de escribir en su exhortación sobre "La alegría del Evangelio": "En cada nación, los habitantes desarrollan la dimensión social de sus vidas configurándose como ciudadanos responsables en el seno de un pueblo, no como masa arrastrada por las fuerzas dominantes [...]. Pero convertirse en pueblo es todavía más, y requiere un proceso constante en el cual cada nueva generación se ve involucrada". Hasta aquí las palabras del Papa.

El otro hecho que nos afecta como cristianos catalanes es que el próximo año seremos consultados sobre nuestra identidad como pueblo. Estos últimos años nuestros obispos han reiterado que reconocían "la personalidad y los rasgos nacionales propios de Cataluña, en el sentido genuino de la expresión", y defendían "el derecho a reivindicar y promover todo lo que ello conlleva, de acuerdo con la doctrina social de la Iglesia". Por eso nos duele que el camino que sigue nuestro pueblo sea considerado por algunos cristianos "imprudente y moralmente inaceptable".

Dice un teólogo vasco que el tiempo de crisis puede ser una gran oportunidad para los seguidores de Cristo. Porque, cuando aparece Jesús en nuestro horizonte, empiezan a manifestarse los milagros de la solidaridad cristiana. Efectivamente, sólo en la fe y en la misericordia, el poder de la solidaridad puede hacer milagros: los ciegos ven, los sordos oyen, los cojos andan y los muertos resucitan. Sí, hermanos, la Navidad nos permite mirar el mundo con los ojos de la compasión de Dios, y mirarnos a nosotros mismos con los ojos de la fe, con esperanza y con amor. Jesús siempre es salvación. Con los ojos del profeta, todavía podemos tener esperanza para ir caminando por este mundo.