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El obispo Piris pide: "ofrecer motivos de esperanza a nuestro alrededor"

(Obispado de Lleida) Trabajar en red con las diferentes áreas, delegaciones, movimientos y grupos pastorales con parroquias y arciprestados y aprovechar todas las sinergias posibles de esta relación es una de las principales conclusiones de la Asamblea Diocesana del obispado de Lleida, celebrada este sábado en la Academia Mariana y que reunió a unos trescientos seglares, preveres y religiosos.

La jornada, que se inició con la exposición de dos ponencias: una sobre el ámbito arciprestal y la otra sobre las Áreas de Cooperación del Obispado, se desarrolló en diferentes grupos de trabajo, los cuales analizaron hacia dónde han de encaminar su tarea las comunidades cristianas en un futuro, para acabar debatiendo sobre las aportaciones.

Ambas ponencias coincidieron en ir hacia un trabajo más interrelacionado, complementario y coordinado entre todos los que forman parte de las diferentes comunidades cristianas de la Diócesis, como el recorrido que ha de hacer la Iglesia del futuro, renovada y creativa. Este trabajo en común necesitará de unos coordinadores en las diferentes movimientos y de un calendario de reuniones para ser más efectivo.

Compartir desazones y riquezas

La responsable del área de Evangelització y encargada de presentar una de las ponencias, Mónica Cabezuelo, sintetizaba cuál era la tarea de todos estos grupos y hacía un llamamiento a romper barreras. “Cada cual hace su servicio pastoral desde un punto de referencia concreto, pero con la visión abierta puesta al servicio de la comunidad leridana. Por lo tanto, aprovechemos los recursos que existen. Propongamos, sugiramos, movámos-nos para ir a buscar a los otros. Compartamos desazones y riquezas”, decía.

Cabezuelo incitaba a los participantes a la Asamblea Diocesana a seguir trabajando en coordinación, puesto que existía el riesgo de caer en el aislamiento, si se hacía en solitario y moviéndose sólo por criterios personales; de dejar para cubrir servicios, dada la especificidad de algunas de las tareas, o de caer en duplicidades, precisamente por la carencia de diálogo y desconocimiento de lo que hacen los demás. Por todo esto pedía compartir esfuerzos.

Una línea similar tuvo la ponencia de Lluís Sallan, responsable de la Delegación Episcopal de Enseñanza y redactor del texto del ámbito arciprestal. Sallan partía de la lógica de sumar y compartir desde dentro de la Diócesis no como una nueva moda, ni como un artefacto para responder a la migración de presbíteros, sino como “una garantía de una evangelización eficaz”. Y es que la acción y la formación de cualquier de las comunidades cristianas, desde la parroquia y el arciprestado hasta las áreas pastorales y delegaciones episcopales, se rigen por los principios de interdependencia y de realidad.

Sallan tocaba de pies en el suelo a la vez de plantear que no todas nuestras parroquias podían tener de todo (equipo de catequesis, grupos de formación de adultos, catequesis de confirmación, etc.), pero que esto no quería decir que no tuvieran que atender a todos en su necesidad singular, de aquí que planteara la cooperación interparroquial y con áreas diocesanas de pastoral como la forma más realista y con más futuro de trabajo.

“En este camino para ir juntos, ya hay muchas cosas hechas y servicios compartidos, pero la propuesta de la ponencia va más allá. Si la opción de trabajar en comunión y complementariedad como una familia es una condición para progresar en la tarea evangelizadora, también lo es que los seglares asuman su protagonismo y desarrollen un papel decisivo a través por ejemplo de los consejos pastorales arciprestales, los equipos interparroquiales de catequesis o la conexión de la acción parroquial y arciprestal con las instituciones de la sociedad civil”, decía Sallan.

Organizar la parroquia el arciprestado, asumir la atención pastoral de una zona, actuar coordinadamente las diferentes áreas para ayudar a potenciar y mejorar parroquias sin solaparse unas y otras, ofrecer en los arciprestados planes de formación y convocatorias de jóvenes y adultos y actividades son algunas de las acciones no solamente posibles, sino ya iniciadas en la Diócesis de Lleida.

Mensaje de optimismo

La Asamblea Diocesana se clausuró con la intervención del Obispo de Lleida, Joan Piris, el cual lanzó un mensaje de optimismo para mirar el futuro con esperanza. Una actitud vital en todos los sentidos. “Cuando las personas ya no esperan nada viven desanimadas, casi como muertas. La esperanza mueve la vida y tenemos que ofrecer motivos de esperanza a nuestro alrederor”, decía. “Cuando en una comunidad vuelve a florecer la esperanza hay una recuperación, se desvelan nuevas energías”. Por eso, monseñor Piris decía que “ser sembradores de esperanza es la vocación de los que seguimos a Jesús... es una dimensión de la vida cristiana”.

Por todo esto, el obispo Piris animaba los cristianos a predicar la esperanza en épocas de crisis como el actual. “El futuro de la Humanidad está en manos de aquellos que sepan dar a las generaciones futuras razones de vivir y razones para esperar”.
El creyente tiene hoy la doble sensación de que el mundo necesita más que nunca el profeta de la esperanza, pero al mismo tiempo percibe que el mensaje ofrecido parece no interesar. Y es que “creer es esperar... y a esperar se aprende arriesgando, andando, haciendo... por eso nos hace falta la reflexión, la oración y la revisión a la luz de la promesa de Dios”.

“Los creyentes y la comunidad cristiana, en general, necesitamos hoy redescubrir las fuentes de nuestra esperanza, ...que nos asegura que hay un futuro para el hombre y un futuro para el mundo”, afirmaba. Pero la esperanza en Dios verdadero se demuestra creyendo en su promesa y trabajando de manera obstinada y progresiva en la transformación del mundo.

“Esperar es tener el coraje de vivir el presente (no utopías) sin evadirse en un pasado que ya no volverá o en un futuro que todavía no es, pero que está abierto a nuestra creatividad”, decía el obispo Piris

 

Cuarta asamblea diocesana

El encuentro forma parte de las tres veces convocatorias que hace el año el obispo Piris a todas las comunidades parroquiales de la diócesis a encontrarse juntos: la Jornada de Envío, que después del verano marca el inicio del curso pastoral, el Martes Santo, con motivo de la Misa Crismal, donde se consagran los santos óleos, y la Asamblea Diocesana, que es el momento de poner en común y hacer un balance del trabajo desarrollado por todos los estamentos vinculados a la Diócesis.

Esta es la cuarta Asamblea Diocesana, una iniciativa que emprendió monseñor Joan Piris cuando se hizo cargo del obispado de Lleida. Todas ellas tienen como punto de partida los mensajes con los que ha arrancado el curso pastoral. En 2009, tituló su carta "Entre todos y para el bien de todos ", un mensaje que ha cobrado fuerza en los últimos tiempo; siguió con "La iniciación cristiana. Creer. Vivir. Anunciar el Evangelio", y el último año estuvo centrada en la "Presencia de Iglesia en la sociedad". Este año, monseñor Piris dedicó la carta a "La necesaria calidad espiritual", mensaje sobre el que han trabajado las diferentes comunidades cristianas y parroquiales de la Diócesis y que este sábado se han puesto en común.