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(David Casals / CR) En la gran mayoría de los casos, salimos de un funeral con las manos vacías. Bueno, normalmente bajo el brazo se lleva un recordatorio, y poco más. Ahora bien, la despedida del pastor protestante Enric Capó del pasado domingo, que murió el viernes 9, fue diferente.

La familia de Enric, de tradición protestante desde hace más de un siglo, quiso obsequiar a los asistentes con un objeto: una planta. Símbolo de la vida, de la vida que comienza después de la muerte, de la vida eterna, del descanso en la paz del Señor.

De esta manera se rendía un homenaje a Enric, un teólogo prolífico, que hizo incluso incursiones en la poesía. Uno de sus poemas partía precisamente de una sencilla planta:

La Planta

Si algún día me queréis hacer un regalo,
no me regaléis una flor:
naturaleza rota, violentada, muerta...

Si algún día me queréis hacer un regalo,
regaladme una planta:
viva, llena de esperanza y de futuro...

Cuando me muera, si os acordáis,
no me enviéis flores.
Plantad una planta en vuestro jardín
y explicadle cómo nos queríamos.


Enric no quería coronas, sino algo sencillo y austero, como lo son los lugares de culto protestantes, donde la único protagonista debería ser la Palabra. Y plantar una planta es la mejor forma de homenajearlo, como nos recordaba en este texto, que escribió el año 2000 para el boletín de una de las comunidades donde ejercía su ministerio de pastor, la Primera Iglesia Protestante de Barcelona Centro (Talleres, 26).

Hoy en día, los entierros son cortos: en el tanatorio y  todavía más en las grandes ciudades hay prisas y se tiene poco tiempo para recordar al difunto. Después de una ceremonia hay que dejar paso  a la siguiente y así es durante toda la jornada.

A pesar de los límites temporales, la despedida a Enric Capó sirvió para dar gracias por el tesmimonio de una persona que vivió en su propia carne lo que significaba ser miembro de una comunidad perseguida.

Vivió los tiempos oscuros del franquismo, cuando no había libertad religiosa. Dirigió durante muchos años la revista evangélica 'Carta Circular', hasta que el año 1972 fue intervenida por las autoridades franquistas y fue juzgado ante el Tribunal de Orden Público (TOP), aunque al final fue absuelto.

Biblista, administrador del Hospital Evangélico, Pastor, conferenciante, ecumenista convencido, teólogo progresista y defensor de uno de los principios de las iglesias protestantes históricas, lejos de todo fundamentalismo: 'Ecclesia reformata, semper reformanda'.

"Nos enseñó a pensar y actuaba responsablemente; nos enseñó a no imponer ninguna doctrina. Hablaba de Karl Barth en los años sesenta, cosa insólita en el protestantismo y catolicismo de la época ", recordó en su intervención Samuel Fabra, de la iglesia de Talleres.

"Es un ejemplo de vida entregada totalmente al servicio del Señor. Murió con las botas puestas", señaló el presidente de la comisión permanente del la Iglesia Evangélica Española, Joel Cortés, ya que casualmente, el día en que se celebraba el entierro, se cumplían 56 años de su ordenación como pastor.

"Es una vida de servicio y fidelidad, con una mentalidad que había ido evolucionando, y ahora con 81 años leía libros sobre mecánica", añadió.

En el entierro, asistieron representantes de otras denominaciones evangélicas, del Consejo Evangélico y de la Ferede, y personajes históricos dentro del campo protestante, como Benjamín Planes. También asistieron los teólogos y biblistas del ámbito católico como Armand Puig, Antoni Matabosch, Agustí Borrell, y Pere Casanellas, entre muchos otros, y el delegado de ecumenismo Jaume González-Agapito. Representando al Gobierno asistió el director de Asuntos Religiosos, Xavier Puigdollers.

In Memoriam from Iglesia Evangélica on Vimeo.