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En el séptimo domingo de pascua corresponde leer un fragmento de la llamada oración de Jesús (Jn 17,1-26). Los tres ciclos litúrgicos reparten la oración en tres fragmentos. En el ciclo C se leen los versículos 20-26. La introducción a la oración (v 1) comienza diciendo: “Después de haber dicho todo esto, Jesús...” , de este modo enlaza la oración de Jesús con los anteriores discursos de despedida (cc.13-16). En la tradición veterotestamentaria judía después de pronunciar un discurso de despedida el patriarca o héroe que se despedía de los suyos pronunciaba una última oración. Siguiendo esta costumbre, el autor del cuarto evangelio ha querido situar una gran oración después de los dos discursos de despedida.

El autor del cuarto evangelio pone en boca de Jesús una oración por los discípulos de, por así decirlo, segunda hornada. Atendiéndonos al mismo evangelio, son los que en la aparición a los discípulos cuando hay Tomás, Jesús alaba diciendo: "Dichosos quienes creerán sin haber visto" (20,29). Es lógico pensar que las comunidades joánicas donde se produce el cuarto evangelio crecieron, supongamos que en número y extensión. Estos futuros discípulos creerán gracias a la palabra de los primeros. La palabra no es otra cosa que la enseñanza de Jesús y la proclamación de su muerte y resurrección evento que reporta la salvación. Y esa palabra quedará consignada en el texto evangélico que, en el caso de las comunidades joánicas, es el cuarto. Este evangelio para estas comunidades será su “carta magna” su referente indiscutible.

Jesús ruega por la unidad de los discípulos: “Que todos sean uno”. Habitualmente, cuando se leen estas palabras, se tiende a pensar en los cismas y rupturas que se han producido a lo largo de la historia de la Iglesia. Evidentemente el autor del cuarto evangelio no estaba pensando en esto. El tema de la unión aparece en otros pasajes del evangelio. Al final de la parábola del buen pastor Jesús dice: “Aún tengo otras ovejas que no son de este rebaño y también debo guiarlas. Ellas escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor” (Jn 10,16). También en la imagen de la vid y los sarmientos hay una referencia a la unidad, sobre todo en cuanto a mantenerse unido a la comunidad y, de rebote, mantenerse unidos entre si los miembros del grupo: “Si alguien se separa de mí es arrojado fuera y se seca como las sarmientos” (Jn 15,6).

El conjunto de las tres cartas de Juan dan noticia de situaciones difíciles que comprometieron gravemente a la unidad entre las iglesias joánicas: problemas doctrinales y dificultades en las relaciones personales entre cristianos y también malentendidos graves entre los responsables. Es cierto que las cartas se escribieron después del evangelio. ¿Se dieron estas situaciones en el tiempo en que se redactaron las cartas o cuando se escribió el evangelio ya ocurría algo? El hecho de que la oración de Jesús incluya una petición por la unidad hace pensar que las tensiones venían de lejos.

Las fuertes tensiones internas en la comunidad se debían a interpretaciones diversas e incluso contrapuestas sobre la persona de Jesús. Unos y otros se consideraban verdaderos cristianos. No todos los creyentes en Jesús, sobre todo los judeocristianos, aceptaron el paso del rol mesiánico de Jesús (esto les era fácil admitirlo) a la revelación de Jesús como Hijo de Dios y en consecuencia de la condición divina del Verbo. Ésta fue la afirmación y proclamación sobre Jesús que se impuso como más representativa de la tradición joánica.

Además de esto estaba el grupo de quienes negaban que Jesús se hubiera encarnado haciéndose un hombre sometido a la muerte. Estos fueron quienes iniciaron una tendencia de carácter gnóstico que fue causa también de una escisión en el interior de las iglesias joánicas.

Es importante no pasar por alto el fundamento que debe tener esta unidad. Ésta no debe ser de tipo institucional a fin de que todo funcione mejor, ni una unidad resultado de un consenso. El modelo y el fundamento debe ser la unidad recíproca entre el Padre y el Hijo, unidad vivida en el amor de uno con el  otro. La comunidad, por tanto, está llamada a vivir en un amor fraterno dando testimonio de la perfecta unidad entre el Padre y el Hijo, presentándose ante el mundo como una comunidad unida, hará más fácil conseguir que el mundo crea.

Domingo 7º de Pascua. 29 de Mayo de 2022