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En el libro de los Hechos de los Apóstoles se encuentran tres resúmenes (se suelen conocer por "sumarios") de la vida de las primeras comunidades cristianas. Lo que leemos en la primera lectura de este domingo (4,32-35) presenta tres partes: 1) afirmación de la unidad de la comunidad; 2) testimonio de los apóstoles; 3) organización de los recursos de la comunidad. La situación, tal como es descrita, representa más bien un ideal y una propuesta de comportamiento cara el futuro para las comunidades que una descripción histórica de lo que ocurrió. Es el mismo Lucas quien se encarga de constatar que, ya desde los primeros tiempos, los comportamientos entre los creyentes eran dispares, lo hará presentado los casos de Bernabé por un lado y de Ananías y Safira por otro (Hch 4, 36 a 5,11).

La afirmación de la unidad de la comunidad está elaborada en una doble perspectiva: una, por decirlo de alguna manera, espiritual: un solo corazón y una sola alma y por otra parte en la perspectiva material: ninguno de ellos consideraba como propios los bienes que poseía. En lenguaje bíblico cuerpo y alma indican la parte más íntima del ser humano, son el todo del ser humano y el punto neurálgico de la toma de decisiones: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón con toda el alma y con toda la fuerza "(Dt 6,5). En los evangelios sinópticos no hay pasajes donde, de una manera directa, Jesús exhorte a la unidad de la comunidad, pero sí Pablo, antes de que Lucas redactara la segunda parte de su obra, el libro de los Hechos, ya había escrito sobre el tema; en la primera carta a los corintios ha hablado de la unidad de la comunidad con la imagen del cuerpo (1 Co 12) y en la carta a los romanos ha escrito: "Que Dios ... os conceda vivir unánimemente y de acuerdo los unos con los demás, a ejemplo de Jesucristo y así con un solo corazón y una sola voz glorifiquéis a Dios "(Rm 15,5). La unidad se convierte en característica de las comunidades de Jesús. Tal como indica Lucas, las primeras comunidades se constituyen al dictado de las indicaciones de Jesús y de los criterios de comportamiento consignados en escritos de gran autoridad apostólica como la de Pablo.

Vender los bienes y ponerlos al servicio de la comunidad con el gesto simbólico de ponerlos a los pies de los apóstoles sí deriva de indicaciones precisas de Jesús. Al hombre rico Jesús y dice: "Vende todo lo que tienes y reparto entre los pobres ... Después ven y sígueme" (Lc 18,22) y los discípulos les manifiesta la incompatibilidad de servir a Dios y al dinero ( Lc 16,13). Las mujeres que siguen a Jesús y proveen la comunidad con sus bienes se convierten modelo del verdadero seguidor de Jesús (Lc 8,3).

Es importante notar el rol de los apóstoles en este pasaje. En el primer sumario (2,42-47) se constata la enseñanza de los apóstoles dirigido a la comunidad al mismo tiempo de su participación en los prodigios y señales. En nuestro texto se perfila un progreso: los prodigios y señales, el gran poder de los apóstoles, acompañan el testimonio de la resurrección. Si la enseñanza se dirigía a la comunidad, ahora el testimonio va dirigido hacia fuera de la comunidad. La comunidad se ha abierto. Los primeros cristianos viven todavía bajo la influencia y autoridad de los dirigentes judíos, pero, poco a poco, se consolidan las distancias y serán los apóstoles quienes tomarán el relevo en cuanto a marcar las directrices de la vida de los creyentes.

La creciente relevancia de los apóstoles se nota en la distribución de los bienes. Los jefes religiosos judíos tenían organizado un sistema de ayuda a los pobres con los fondos del Templo. Ahora es la comunidad cristiana que establece su propio sistema de ayuda a los necesitados. Los apóstoles asumen la responsabilidad de la distribución y reparto. La comunidad va adquiriendo una personalidad propia, con sus propios dirigentes y en su singular manera de estructurar la vida de la comunidad.

Domingo 2º de Pascua. 11 de Abril de 2021