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Estos días se habla de los jóvenes y su futuro, de su cansancio por los confinamientos, de sus pocas expectativas -dicen-, al tiempo que se intenta comprender este estallido de disturbios con este componente incívico o delictivo. Hay muchos análisis aunque parece que, a pesar de las imágenes que vemos, hemos de hablar de unos pocos jóvenes más que de un rasgo generalizable.

Estos hechos contrastan con otro que ha pasado desapercibido y suficientemente relevante como es que los jóvenes estudiantes de primer curso han retornado a las aulas presenciales de la universidad, y pronto lo harán los de segundo curso, mientras que los de cursos más avanzados participan aún en una enseñanza-aprendizaje no presencial. Al estar cercano a ellos en un grupo de primer curso de psicología en la universidad, ahora ya presencialmente, he podido hacer algunas constataciones de estos -también- jóvenes:

Los jóvenes estudiantes prefieren la enseñanza presencial a la no-presencial. No todo lo que se aprende en la universidad son los contenidos de las materias. Se aprende de las conversaciones informales, de la interacción entre ellos, del diálogo que se va tejiendo cuando se está presente. Y como jóvenes que son prefieren encontrarse para aprender juntos y con sus profesores, en este encuentro en torno al conocimiento que es la esencia de la universidad.

Otras constataciones son que las normativas de distancia, mascarilla, ventilación, manos, líneas de circulación, hacen que los espacios universitarios sean muy seguros desde la perspectiva de la preservación salud, sin embargo es cierto que hay más contacto en los desplazamientos y los espacios informales.

También es un descubrimiento el poner en funcionamiento los modelos híbridos (blended) que permiten combinar días en casa y días de presencia en la universidad. Es una combinación que hace que pueda haber menos estudiantes simultáneamente, pues una parte del grupo puede estar en casa y se dejan actividades de pequeño grupo para la presencialidad. Cuando se encuentra una buena combinación de estos elementos es positivo para el aprendizaje y es un descubrimiento que conocíamos teóricamente pero del que ahora vemos su innegable potencial.

Otro aspecto es que los retornos educativos no están exentos de dificultades. Hay estudiantes que deben hacer cuarentena por haber tenido contactos con algún positivo, otros tienen familiares de riesgo y no pueden participar tampoco en las actividades de pequeño grupo o seminario. Entonces el profesorado ha de habilitar sistemas de clase o seminario presencial pero con algunos estudiantes siguiendo la actividad desde casa. Es decir que incluso los trabajos en pequeños grupos los hacemos de manera híbrida simultánea, pudiendo combinar trabajos en el aula con trabajos a distancia. Así pues hemos tenido que innovar sí o sí en los métodos. Lo primero que se hizo como solución de emergencia en la primera ola fueron las clases de siempre pasadas a on-line. Como opción de emergencia estaba bien. Sin embargo esta necesidad pedagógica ha incentivado la creatividad de buena parte del profesorado que ha podido transformar la experiencia formativa con actividades diversas, sacando partido de la tecnología.

Constatar también que los estudiantes son muy pacientes con la situación, comprensivos y disciplinados. No faltan, tienen mucho interés por avanzar. Y llevo muchos años interaccionando con estudiantes. Todo el mundo se vuelve en esta situación que vivimos más colaborador y solidario. Tienen, como decía, más interés que nunca en aprender, se ve en los ojos que destacan por su brillo por encima de las mascarillas. Son ojos de motivación e interés, ojos brillantes como nunca. Con la mascarilla seguramente nos fijamos más en la mirada, espejo del alma.

Y lo que me parece tanto o más significativo es que hay más que nunca la necesidad de incorporar la parte personal de la educación, de conversar y profundizar en aspectos relacionados con la vida. Y esto es un espacio para poder desarrollar lo que en alemán se llama "bildung" que podemos traducir por formación, y que en la tradición germánica significa implicación activa y compromiso con la propia formación. Es decir una educación auténticamente integral.

Podemos creer y confiar en estos jóvenes, en que saldrán de nuestra universidad tanto o más formados que nunca.