La liturgia de las horas, ¿de dónde viene? (2)

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Jesús ejemplo de oración

Jesús vivió en su pueblo asumiendo sus tradiciones, sus costumbres y sus convicciones más profundas. Sus primeros discípulos pertenecen también a este pueblo y participan de la misma preciosa herencia religiosa. La oración justamente pertenece a lo más puro y noble del judaísmo, la religión mosaica tal como se vive y practica después del retorno de Babilonia bajo la dirección de los rabinos y maestros. La familia de Jesús era una familia piadosa, que observaba puntualmente sus deberes para con el Señor; lo que permite pensar que es en el seno de esta donde, ya desde niño, Cristo vivía sumergido en el ambiente de plegaria de su pueblo.

Jesús, según el testimonio evangélico, recitaba las plegarias propias de cada hora del día. Pero no solo se acomoda a estas horas, sino que además: acudía al Templo y lo tenía por “casa de oración”; participa en el culto sinagogal; bendice antes de las comidas; observa el Seder de la cena pascual. Los evangelios nos han dejado también plegarias de Jesús y el uso que hace de los salmos.

Jesús “instituyó” la oración cristiana

Jesús enseñó a orar a sus discípulos ofreciéndoles una plegaria concreta y ejemplar: el Padrenuestro. Empleando la terminología patrística, lo que Jesús hizo fue entregar un documentum, es decir, “instituir” algo que es, a la vez, testimonio personal y enseñanza teórica. Se trata de un acto propio de un maestro para que sus discípulos y seguidores vean y aprendan. Jesús hace lo mismo que en la última cena, cuando lava pies a los comensales: “Ejemplo os he dado, haced vosotros lo mismo” (Jn 13,15). Por tanto, con la oración del Padrenuestro les comunica su oración propia: “Cuando oréis decid: Padre nuestro...” (Lc 11,1-4).

El interés de las primeras generaciones cristianas por esta oración aparece reflejado en la indicación de la Didakhé (título que significa “enseñanza”, es un breve manual cristiano primitivo en el que un autor anónimo recopila una serie de cosas que dice que le vienen por tradición de los apóstoles, y que debe tener en cuenta en el momento de predicar a comunidades donde había personas que provenían del paganismo) que, después de recoger el texto completo del Padrenuestro, dice: “Así oraréis tres veces al día”. Lo cual quiere decir que a finales del siglo i, época de este escrito apostólico, la recitación del Padrenuestro ha sustituido al Shemá, al menos en los círculos judeocristianos próximos al citado documento. Si esto es así, la sustitución de la vieja profesión de fe monoteísta en el Señor, el Shemá, por el Padrenuestro en los tres momentos de la plegaria al día, es todo un símbolo de que a una nueva situación o relación del hombre con Dios, introducida por Cristo, debe corresponder una nueva plegaria que la exprese y recoja.

El gran contenido de la enseñanza de Jesús sobre la oración ha sido la transmisión de su Espíritu de la filiación divina, para que podamos decir: Padre nuestro...

Fragmentos del libro Liturgia de las Horas: la oración del pueblo cristiano de Julián López