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El tramo final de la carta de Pablo a los Romanos (Rm 8,35-39) que leemos este domingo es un himno que proclama que nada puede separar de quienes creen del amor de Dios. El himno arranca en el versículo 31 del capítulo. A través de unas preguntas retóricas y de unas respuestas que dejan la pregunta sin fuerza se van desarrollando las afirmaciones que Pablo quiere exponer: ante cualquier oposición, Dios está a favor del creyente; no hay ninguna acusación que pueda prosperar porque Dios hace justos a sus seres queridos; ninguna condena no es posible porque Jesús intercede por nosotros; el amor de Dios es una realidad incuestionable puesto que nada de nada puede hacer tambalear este amor.

Tener en cuenta, acusar, condenar, interceder es una terminología de marcado carácter judicial. Uno se puede imaginar la escena, la gran sala de un tribunal, Dios es el rey que preside el juicio, a su derecha, en una situación de privilegio, destaca la persona de Jesús que gracias a esta situación intercede ante el rey - juez, asumiendo el rol de un abogado defensor. Las listas de las cosas que pueden separar del amor de Cristo (V.35) o del amor de Dios (v.38) actúan de fiscales o de testigos de la acusación. No es raro en la Escritura encontrarnos con la imagen del juez o el juicio para describir las relaciones de Dios con los seres humanos. Dios es visto como un juez. "El Señor que es justo ama la justicia" (Sal 11,7); "El derecho y la justicia sostienen su trono" (Sal 89,15); "El Señor hace justicia a los oprimidos, sentencia a favor de ellos" (Sal 103,6); "El Señor ama la justicia y nunca desampara a sus fieles" (Sal 37,28). En sintonía con los salmos, dice el profeta Isaías: "El Señor Dios me defensa. Quién podrá condenarme? " (50,9). Pablo está convencido de que los cristianos de Roma y todo creyente saldrá bien parado en el imaginado juicio y beneficiado del amor de Dios. El texto hace mención de la muerte y resurrección de Jesús. Es lógico, porque, a partir de Rm 3,24-26, se puede afirmar que el momento supremo y decisivo del juicio se produce en la muerte de Jesús: "con su sangre ha mostrado la justicia salvadora". Más adelante, Juan (12,31) dirá: "Ahora llega el juicio de este mundo ... cuando sea levantado de la tierra"

Cuando Pablo enumera las adversidades que pueden separar del amor de Cristo - tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro de muerte - habla a partir de su propia experiencia. En otros lugares de sus cartas (1 Co 4,9-13; 2 Co 4,7-12; 11,23-27) describe detalladamente los sufrimientos que le ha comportado la tarea de predicar el evangelio. Los Romanos no tardarán mucho en sufrir sufrimiento, adversidad y persecución, la carta es del año 57/58 y la conocida persecución de Nerón sucede en 64. Pero la experiencia del sufrimiento no se limita a Pablo y a los romanos, es la experiencia de todo cristiano vivida debido a la fidelidad al evangelio.

La lista de lo que nos puede separar del amor de Dios (vv. 38-39) lleva más complicación. En cuanto a la muerte nadie lo pone en duda, pero la vida nos puede separar de Dios? Lo puede hacer en cuando lleva dudas, fracasos, incertidumbres, sufrimientos. Y los ángeles? En la mentalidad apocalíptica son los que separan los buenos de los malos (Mt 13,49). Las potencias porque dominan este mundo de tinieblas (Ef 6,12). A qué se refiere Pablo cuando habla de presente y futuro, del mundo de arriba y el de abajo ?. Las propuestas son diversas, Pau tiene presente el tiempo y el espacio, nada de lo que pueda suceder en el tiempo o tenga un lugar en el espacio puede separarnos del el amor de Dios. El libro del Cantar de los cantares (8,6) dice que el amor es tan fuerte como la muerte, en este texto de Pablo el amor gana a la muerte por goleada.

Domingo 18 durante el año. 2 de Agosto de 2020