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Unos versículos más del capítulo 8º de la carta de Pablo a los Romanos (Rm 8,28-30) leemos en la segunda lectura de este domingo. Lo que dice Pablo en este pequeño fragmento es el resultado del convencimiento de la seguridad de la salvación que es y será realidad a pesar de los sufrimientos del tiempo presente. El apóstol expone el plan que Dios tiene preparado para llevar a cabo esta salvación. El designio de Dios se despliega en una sucesión de momentos salvíficos: conocimiento, llamada, destino a ser imagen del Hijo, glorificación. Es un proceso que se ha iniciado con la muerte y la resurrección de Jesús.

"Sabemos que Dios todo lo dispone en bien de los que le aman". Pablo está escribiendo a los romanos, él no ha estado en Roma, no ha enseñado ni predicado en esta comunidad pero está convencido de que, en cuanto al propósito de Dios, no hay desacuerdo entre los romanos y él, por eso puede decir "sabemos ". Todo lo que Pablo dirá va destinado sólo a los verdaderos creyentes, aquellos que aman a Dios. Ellos no tienen un concepto teológico y doctrinal de Dios, no consideran Dios sólo como un ser supremo y trascendente sino que entre ellos y Dios existe una relación de amor, de afecto, de estima. Ser cristiano no es una cuestión de asentimiento doctrinal sino de amor. "Todo lo dispone" significa que nada escapa del control de Dios. Él gobierna y dirige todo lo que sucede en la creación y "todo" incluye también el dolor y el sufrimiento del que Pablo ha hablado antes; les recuerda que los sufrimientos por causa del evangelio no son casualidad sino que detrás está la mano de Dios que los utiliza para conseguir su propósito.

Del conocimiento anticipado de Dios con los que él ama habla el libro de Jeremías: "Antes de formarte en las extrañas de la madre, te conocía" (Jr 1,5); semejante se puede decir de Pablo cuando en Gálatas dice: "me escogió de las entrañas de la madre y me llamó" (Gl 1,15). Este conocimiento no es intelectual, sino que es un conocimiento cálido y cariñoso. Ahora Pablo lo afirma de la comunidad de Roma que, amada de Dios ha recibido la llamada a ser santa (Rm 1,7).

El verbo "destinar" (proorizô, en griego) puede presentar una cierta dificultad, significa determinar, fijar de antemano, establecer un destino anticipadamente. El pensamiento judío de la época admitía que Dios, en su proyecto sabio y eterno, tenía establecido desde un principio el destino final de algunos seres humanos liberándolos del infierno y dándoles a ellos la vida eterna con Él. Pablo se vale de esta doctrina para consolar la comunidad de Roma, en la predestinación ven la seguridad de la salvación. El proyecto de Dios prevé la salvación y los creyentes de Roma han entrado de lleno en este proyecto.

El objetivo de todo esto es ser imagen de Jesús, Hijo de Dios. Desde el comienzo los seres humanos fuimos creados a imagen de Dios (Gn 1,26-27), pero esta imagen quedó dañada, deteriorada, rota por la caída (Gn 3). Dios conocía, antes de que sucediera, el hecho de la caída pero nos predestinó a ser restaurardos a la forma original haciéndonos como el Hijo. Dios quiere que nos hagamos como Cristo que es imagen de Dios (2 Co 4,4). En esta imagen aparece lo que Dios es - su esencia - y su gloria. Ser imagen de Cristo implica que en nosotros se ha de producir una transformación que se va realizando progresivamente (2 Co 3,18) hasta hacernos perfectos, felices, libres del pecado y del sufrimiento, personas de paz.

Hechos a imagen del Hijo, el primero de muchos hermanos, significa que Jesús es el líder de un humanidad nueva, libre, liberada del sufrimiento y del dolor, regida no por la opresión sino por la solidaridad y el amor. Humanidad, gran familia de Dios que ha conseguido su último objetivo: la glorificación.

Domingo 17 durante el año. 26 de Julio de 2020