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A muchos extraña que, a diferencia de otros lugares, la Iglesia católica en Escocia no haga declaración alguna sobre el referéndum de mañana. En todos los países, con neutralidad, siempre la Iglesia ha emitido notas orientando el voto, sin decantarse, guardando su independencia, pero ofreciendo luz a los fieles. No ha sido así en Escocia. Y ni es extraño. Además, es hasta conveniente esta prudencia y silencio. Compararla con otros lugares, como es el caso de Cataluña, según se puede ver en algunas informaciones, no es ni serio ni objetivo. “Hay tiempo de hablar y hay tiempo de calar”, decía el salmista. Y ahora allí, toca callar. Es el mejor servicio. Las razones las da la historia y el devenir de los últimos años.

Hablar ahora, sería encender el viejo fuego de las guerras de religión, el mismo que algunos fanáticos escoceses protestantes, están volviendo a encender. Recuerdo, yo estuve allí, la visita de Benedicto XVI al Reino Unido y cómo la inició en Escocia. Sus discursos y si encuentro con la reina, fueron un modelo de pacificación y diálogo. Alguien pedía hoy en la prensa que los obispos escoceses hablaran, como han hecho los catalanes en España. El texto y el contesto hay que tenerlos en cuenta. De lo contrario…nos “desencarnamos”. Explico.

Leo Cushley, arzobispo de Edimburgo desde septiembre de 2013, ha dicho:

Sobre fe y moral hablamos porque son cosas que nos implican, pero en las cosas que son estrictamente políticas -a menos que veamos una diferencia importante en términos de capacidad de predicar el Evangelio- no creo que nos vayan a encontrar tomando bandos.

Más tarde, en la BBC  repetía:

Cuando se trata de algo estrictamente político, tendemos a dejar el tema a las personas, en tanto que ciudadanos y votantes.

En este sentido hay que saber que en la estructura jurídica de la Iglesia Católica en el Reino Unido, existen dos Conferencias Episcopales independientes. Una Inglaterra y Gales y otra Escocia. Colaboran juntas, pero son independientes (no es, como el caso de La Tarraconense, que, aunque aparece como Conferencia Episcopal Tarraconense, integra dos provincias eclesiásticas y sus obispos están incluidos en la Conferencia Episcopal Española).

La neutralidad ante el referéndum de mañana no es sólo la postura de Cushley, un escocés que ha estado durante 20 años en el servicio diplomático del Vaticano y ha llegado hace poco a Escocia tras el escándalo del cardenal O’Brian, quien ha dejado la isla después de admitir una conducta sexual impropia y se ha retirado a una vida de oración. Los otros obispos escoceses, que llevan muchos años sobre el terreno, tampoco se pronuncian sobre la independencia o el referéndum.

 Las guerras de religión han sido denominador común allí. Y es larga. Aun quedan flecos. Opinar en estos momentos, seria remover brasas cuando tantos esfuerzos se han venido haciendo para el diálogo y el encuentro. Un breve repaso a los últimos años nos ayuda a comprender.

El catolicismo fue prohibido después de la Reforma escocesa en 1560. En 1793 se derogaron las leyes penales más duras contra los católicos romanos y en 1829 el Acta de Emancipación Católica ayudó a que recuperasen los derechos civiles. En 1878, la jerarquía fue restaurada oficialmente.

En 1923 la Iglesia de Escocia elaboró un informe muy controvertido titulado La amenaza de la raza irlandesa a nuestra nacionalidad escocesa. Se acusó a la población católica de subvertir los valores presbiterianos y de causar la embriaguez, la delincuencia financiera y la imprudencia. Estas actitudes oficiales comenzaron a disminuir considerablemente a partir de los años treinta, cuando los líderes de las iglesias establecidas se enteraron de lo que estaba sucediendo en la eugenesia consciente de la Alemania nazi y de los peligros de un pueblo-iglesia nacional.

En el censo de 2001, el 16% de la población de Escocia se definía católica y el 42% afiliado a la Iglesia de Escocia. Muchos católicos escoceses son los descendientes de los inmigrantes irlandeses y migrantes de la sierra que se trasladaron a las ciudades y pueblos de Escocia durante el siglo XIX. Sin embargo, hay un número significativo de italianos, lituanos y de ascendencia polaca, a sumar los inmigrantes polacos más recientes que de nuevo engrosan el número de europeos continentales en Escocia. Debido a la inmigración, se estima que, en 2009, había alrededor de 850.000 católicos, sin embargo, la iglesia no ha sido inmune a la disminución general de la asistencia a la iglesia: entre 1994 y 2002 la asistencia católica en Escocia se redujo un 19%, a poco más de 200.000.

En 1990, tanto la Iglesia de Escocia como la Iglesia Católica fueron miembros fundadores de los organismos ecuménicos Iglesias Unidas en Gran Bretaña e Irlanda y la Acción Conjunta de las Iglesias en Escocia y las relaciones entre los líderes de ambas son ahora muy cordiales. A diferencia de la relación entre las iglesias, existen algunas tensiones comunales.

La asociación entre el fútbol y religión muestra de la conducta sectaria por parte de algunos aficionados. La amarga rivalidad entre Celtic y Rangers en Glasgow, conocido como el Old Firm, es conocida mundialmente por su división sectaria entre católicos Celtic Irish y Rangers unionistas protestantes. Las tensiones sectarias aún pueden ser muy reales, aunque tal vez hayan disminuido en comparación con décadas pasadas. En los últimos años las cosas han cambiado notablemente y muchos católicos ocupan puestos en la judicatura o en la política nacional.

Los católicos son una minoría en cada una de las 32 áreas del consejo de Escocia, pero en algunas partes del país su número rivaliza con los fieles de la Iglesia oficial de Escocia. La parte más católica del país se compone de occidentales, habitantes del cinturón central del consejo y de zonas cercanas a Glasgow. En los últimos años, la Iglesia Católica en Escocia ha sufrido por los casos de pederastia y su credibilidad se ha visto zarandeada.

Es momento de callar, pero todos saben lo que piensan. Hay silencios que hablan.