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(Glòria Barrete –CR) El arzobispado de Barcelona ha puesto en marcha un plan de trabajo para construir las futuras comunidades pastorales. Una reforma de la estructura de parroquias que cambiará el mapa parroquial que hasta ahora tenía la diócesis, inspirándose en el trabajo y la reforma que la diócesis italiana de Milán lleva a cabo desde hace veinte años. Catalunya Religió continúa así la serie de artículos para conocer algunas realidades que ya trabajan conjuntamente. 

En el 2000 la diócesis de Milán comienza un proceso de cambio en la estructura de sus parroquias. Bajo el mandato del cardenal Tettamanzi, Milán pasa de tener unidades pastorales a contar con las comunidades pastorales. Y no se produce el cambio por una carencia de curas, sino por la convicción de promover el trabajo interparroquial y dar respuesta al cambio de relación entre la gente y el territorio. En este trabajo y renovación parroquial se ha reflejado la diócesis de Barcelona para marcar las líneas de la renovación estructural del mapa de parroquias. Lo conoce bien el cura, teólogo y profesor emérito de la Facultad de Teología de Catalunya, Antoni Matabosch. Él es uno de los tres redactores de la propuesta de reestructuración de Barcelona que mira a Milán. "Milán y Barcelona siempre nos hemos mirado con cariño porque son diócesis que aunque en número de habitantes, curas, etc., son muy diferentes, la forma de trabajar y la sintonía siempre ha sido bastante similar".

Para redactar la propuesta que entregaron en diciembre del 2020 no sólo estudiaron la realidad pastoral de Milán, sino que también entraron en contacto con alguna diócesis de Francia para comparar opciones. "En Francia a menudo han hecho cosas radicales, al igual que en Alemania". Matabosch recuerda que en Francia, en alguna diócesis, "incluso han suprimido todas las parroquias y han creado nuevas, empezando de cero".

¿Por qué Milán como modelo escogido por Barcelona?

Matabosch nos explica algunas características sobre la diócesis italiana. Milán no hace esta reformulación de las parroquias por necesidad, sino por convencimiento, "porque cree que es un camino mejor". Milán es una diócesis que tiene 1.111 parroquias y que ha tenido cada año ordenaciones sacerdotales numerosas. Tienen también oratorios para gente joven en cada parroquia. "Es una diócesis que funciona y, sobre todo, repito, no lo hacen por necesidad, sino más bien por el covencimiento de trabajar en sinodalidad, en comunión entre parroquias".

La otra característica es que la idea en Milán no es imponer este modelo a todas las parroquias ni zonas, sino donde sea posible, por eso hoy en día hay lugares donde tienen ese modelo y lugares donde no lo tienen. "La idea es irlo implantando pero que si no conviene no se haga en todas partes". Otra característica es que Milán desde hace mucho tiempo acepta muy bien el tema del laicado y lo promueve. "Quizá hace treinta años que tienen ya laicos liberados, personas que están al servicio de la diócesis y trabajan donde convenga, en delegaciones o en parroquias, con nombramiento de obispo incluido".

Y pese a empezar el camino en Milán en el año 2000, no es hasta el año 2017 que se hace un documento que regulariza que allí donde se pueda, entre tres y seis parroquias formen una comunidad pastoral. 

De unidad pastoral a comunidad pastoral

Y el matiz del nombre es importante. "El sumar parroquias como se ha hecho en Barcelona no lleva demasiado a ninguna parte", afirma Matabosch. "Que un párroco lo sea de dos parroquias o tres no quiere decir que las parroquias colaboren ni trabajen conjuntamente, es más trabajo y más clericalismo". Las comunidades pastorales, en cambio, quieren decir que según los barrios y las zonas se realizan agrupaciones de parroquias, con una parroquia central –de referencia, moderadora– con un único párroco para todas las parroquias que se agrupan. Con el resto de responsables de las otras parroquias se forma una diaconía, como le llaman en Milán, y forman un equipo central que coordina todo lo que se hace en esa comunidad pastoral. "El párroco clásico, aquel que lleva una parroquia y lo ofrece todo, en Barcelona es imposible, y en Milán están viendo que va siendo imposible". En este equipo responsable, cree Matabosch, conviene que haya laicos con nombramiento del obispo. "No se trata de laicos que ayudan a una parroquia, sino que es un nombramiento del obispo, tanto si están liberados como si no".

Lo que hacen también en Milán es especializar las parroquias según el sitio. Así, en Milán hay parroquias por acogimiento, parroquias para jóvenes, para catequesis. Cada parroquia especializada en un ámbito. "No todas las parroquias necesariamente deben hacerlo todo, sino que con una comunidad pastoral, según las necesidades, una parroquia o lugar de culto se especializará más en acogida de inmigrantes, otra en catequesis, etc.". Se trabaja en conjunto y se plantean las cosas en su conjunto, reconoce Matabosch. 

Y algo en lo que insisten mucho en Milán, explica Matabosch, es en el tema de la formación. "Todo este proceso implica una nueva forma de ser párroco, de ser diáconos, de formar seminaristas, de formar laicos. Todo esto implica un gran cambio, que va mucho en la línea de este Sínodo de Obispos que acaba de iniciarse en el mes de octubre".

Un modelo, el de Milán, que estudiándolo desde Barcelona ha parecido que en líneas generales era muy aplicable. "Aunque Barcelona tiene una sociedad más secularizada que Milán y Barcelona se acerca más a lo que es Francia sociológicamente, nos ha parecido mejor la propuesta de Milán, con retoques y acentos diferentes".

El documento que redactaron en diciembre de 2020 era un documento base, una propuesta que después se ha matizado, cambiado y mejorado. En el último documento que ha enviado el obispo a la diócesis hace relativamente pocos días, explica Matabosch, se habla de cuatro grupos de parroquias. Unas que llevan tiempo trabajando en esta línea, otras que tienen dificultades pero trabajan en ellas, otras que lo ven lejos y otras que no lo ven. "Hay que hacer un proceso, no se puede correr".

Críticas al proyecto

Y es que en nuestra situación actual, reconoce Matabosch, "que cada parroquia ofrezca todos los servicios que debe ofrecer la Iglesia en cada territorio es inviable". Lo que no se ha visto claro en Barcelona es, afirma, hacer como en Colonia, que de 500 parroquias han pasado a 50. "Es como un derribo, una imagen 'de esto se está acabando'". En Barcelona, ​​recuerda, se ha procurado proponer suprimir pocas parroquias, que tienen muy poca vida. Otras transformarlas de parroquia a centro de culto, pero de 208 parroquias la propuesta era pasar a 190. "Ahora, la diócesis no puede dejar de dar servicio y evangelización a toda la diócesis, de la forma que sea. Puede reestructurarse pero no se puede dejar de ofrecer atención pastoral".

Matabosch tiene claro que todo proceso trae consigo fricciones y desavenencias de cierta gente, pero reconoce que pesa más el elemento del ánimo y de las ganas. "Es concentrarse en dar un mejor servicio. Quieren hacer pruebas para ver cómo va. Para que vaya bien hay que creer, tener ilusión por hacer una nueva pastoral". La parroquia, explica, a lo largo de los siglos ha sufrido muchos cambios. "El servicio territorial es muy importante pero se puede hacer de muchas maneras".