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(Bisbat de Sant Feliu de Llobregat) El obispo de Sant Feliu de Llobregat, Agustí Cortés Soriano, ha creado una delegación diocesana para el diaconado permanente y ha nombrado como delegado al padre José María Gómez del Perugia. Los diáconos de la diócesis, reunidos con el obispo Agustín, han escogido este último jueves la comisión permanente de la nueva Delegación.

Después de haber consultado a los consejos diocesanos adecuados, Cortés ha decidido crear esta nueva delegación, con decretos de fecha 17 de enero 2014, en base a tres elementos. El primero: el número de diáconos permanentes ordenados a la diócesis, que llega a 18. El segundo: su responsabilidad en la atención a la vida y el ministerio de los diáconos. Y el tercero: la conveniencia de procurar un organismo que facilite su formación, su ayuda mutua, así como la participación que, como tales, les corresponde en la vida de la diócesis.

Todos los diáconos permanentes diocesanos, convocados a la Casa de la Iglesia y reunidos con el obispo Agustín, iniciaron la nueva Delegación. El obispo Agustín dijo: "Ya tenemos la estructura, ahora toca darle vida en todos sus contenidos". También invitó a los diáconos a participar en la Delegación y aportar sugerencias.

Después de exponer temas relacionados con la vida y la espiritualidad de los diáconos, incidió en la formación, porque "de su buen hacer, se beneficia toda la Iglesia". También se eligieron los miembros de la comisión permanente, tres sacerdotes, ratificados por el obispo: Francisco-Xavier Artigas, como  secretario; Florenci Travé, como vocal en el Consejo Pastoral Diocesano, y Joan Lluís Salas, como vocal de vocaciones.

El nuevo delegado presentó la orientación, la metodología y las líneas maestras que, de acuerdo con el obispo y la nueva comisión permanente, desarrollará.

El origen del diaconado en la Iglesia

Se considera que los apóstoles de Jesús instituyeron los diáconos cuando eligieron a Jerusalén algunos hombres para reforzar su tarea, en la liturgia, la Palabra y la caridad (Ac 6,1-7). Al final de la Edad Media, queda como un paso previo en la ordenación presbiteral. Antes de la mitad del siglo XX es cuando toma fuerza la posibilidad de restablecerlo, para atender a las personas más alejadas y necesitadas desde instituciones benéficas.

El empuje fue con el Concilio Vaticano II, restableciendo el diaconado como ministerio ordenado al servicio de la Iglesia, accesible a hombres casados ​​o solteros. En Cataluña el cardenal Narcís Jubany plantea el diaconado a finales de los años 70. El 8 de noviembre de 1980 ordena Lluís Nadal, el primer diácono permanente de nuestro país. Hoy hay diáconos en todas las diócesis catalanas.