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(Víctor Rodríguez –CR) "Vamos a entrar por aquí y saldremos por allí", nos indica Jaume Saladrigas. Hemos quedado con él para que nos enseñe la capilla de la casa natal de San José Oriol (Barcelona 1650-1702). Desde hace años tiene las llaves y cuida del espacio.

Nos encontramos con él en la calle Sant Pere Més Baix y desde una portería nos adentramos en la finca donde el doctor 'pan y agua' hizo el primer llanto. Y es que por el interior de la escalera llegamos a la capilla, situada en el número 4 de la calle Virgen del Pilar. Es en este lugar donde se sitúa el nacimiento de San José Oriol, uno de los santos catalanes por excelencia. Hoy lo recuerda aún el magnífico oratorio dedicado a su memoria.

Jaume Saladrigas se conoce bien el espacio y vierte, desde hace años, esfuerzos y trabajo para que luzca. Él será nuestro guía y nos enseñará los rincones de este tesoro barcelonés tan desconocido. 

Un órgano, un palco, un pozo y una campana

La capilla, de una sola nave, se hizo construir por iniciativa de una familia acomodada de la calle Sant Pere Més Baix. Con una capacidad para acoger una treintena de fieles, se alza en los bajos de un edificio construido en 1856, una vez derribada la casa originaria del santo. Sin embargo, la capilla no es tan antigua, sino que se construirá por iniciativa de la familia bastantes años más tarde, justo antes de la Guerra Civil, como lo recuerda una placa a la izquierda del altar.

Justo enfrente, al otro lado del presbiterio hay un pequeño palco donde la familia de la casa oía misa sin mezclarse con el pueblo: podía acceder desde su casa sin necesidad de salir a la calle. Si nos fijamos bien, sobre el palco sobresalen los tubos de un antiguo órgano-pianola.

"Por aquí entraba el cura", nos indica el señor Saladrigas mostrándonos un acceso tapiado en una pared de la sacristía. Y es que, en la capilla, tanto podían acceder los 'señores' de la casa como el cura encargado del culto, que durante muchos años vivió en el primer piso de la finca, justo encima de la capilla.

El elemento principal y más destacado de la capilla es el vitral pintado que preside el altar. Aparece representado San José Oriol ante la ciudad de Barcelona, ​​todavía amurallada. El santo barcelonés también está representado en una gran imagen en la pared derecha de la capilla, en una hornacina de pared.

Tras el altar, que aún conserva la disposición inicial anterior al Concilio Vaticano II, encontramos la sacristía, con una bonita pica de lavabo de cerámica. En este espacio, la luz entra tímidamente por el patio y, si nos fijamos bien, descubrimos un bonito pozo comunal, probablemente de origen medieval, ¡quién sabe!

Desde la capilla salimos a la calle de la Virgen del Pilar por la puerta principal. Mirando la fachada, me doy cuenta que hay una pequeña campana escondida. "¿Desea que la toque?" Desde detrás de la puerta, Jaume Saladrigas estira una cuerda y la campana, después de tantos meses muda por la pandemia, vuelve a repicar alegremente.

Cuando aún estamos en la calle, una vecina de toda la vida se suma a nuestra conversación: "¿Veis este vacío? Aquí había una imagen de bronce del santo, pero hace años que desapareció. La mayólica de San José Oriol la puse yo cuando hice 60 años", nos indica con orgullo. También nos cuenta que no hace tantos años que para el día del santo se celebraban diferentes cultos y se rezaba la novena. Y por la Virgen del Pilar, se hacía la fiesta de la calle. 

La capilla: pasado, presente y futuro

Hacia los años noventa del siglo pasado toda la finca se vendió y el futuro de la capilla peligró. Gracias a la presión vecinal y la estima de mucha gente, el oratorio y un piso de la finca pasaron a manos del Arzobispado de Barcelona, ​​que es el actual propietario. Así, con los ingresos del alquiler se podría mantener la capilla que hasta antes de la pandemia ha tenido culto mensual gracias a los capuchinos del vecino convento de la Ayuda.

Desde la calle Jaume Saladrigas nos hace subir hasta el número 24 y nos muestra la fachada de esta finca de pisos sencillos: "Mirad arriba cuáles esgrafiados que hizo Jujol". Y es que toda la fachada conserva unos bonitos esgrafiados modernistas en honor de San José Oriol con las cuatro fechas más significativas del santo: su nacimiento, su muerte, su beatificación y su canonización. Nos damos cuenta entonces que esta calle esconde dos tesoros que, como el pan y el agua, son tan discretos como preciados. 

Si todo va como tiene que ir y pasada la pandemia, el culto devolverá a la pequeña capilla nativa de San José Oriol. El señor Saladrigas no escatimará esfuerzos.