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Fotografia: ACN.

Las grandes celebraciones de la Iglesia -como Navidad y la Pascua- se celebran al filo de la medianoche, y, curiosamente, Lux, el nuevo álbum de Rosalía, será publicado este jueves a esa misma hora, tras semanas de tensión y espera devota por parte de sus fans -y de una filtración de sus composiciones-. El disco promete ser su trabajo más íntimo y espiritual hasta ahora. Tras revolucionar el pop global con Motomami, la artista catalana abre ahora una nueva etapa donde la fe, el lenguaje y la trascendencia se funden en una experiencia sonora que busca —en sus palabras— “canalizar algo que viene de más allá”.

En una entrevista reciente en el pódcast tumusicahoy, Rosalía explicaba que el nuevo disco nace de su fascinación por las figuras místicas de diversas tradiciones. “Cuando canto en francés, por ejemplo, hay inspiración de Juana de Arco. Cuando canto en mandarín, hay inspiración de Sun Bu'er. Cuando canto en hebreo, hay inspiración de Miriam. Cuando canto en ucraniano, por Santa Olga de Kiev, hay inspiración de Santa Rosa de Lima y de Santa Teresa. La lista es larga: Rābiʿa al-ʿAdawiyya, esta mujer tan significativa en el sufismo, etc.”, decía la cantante. Y concluía: “Pensé: ¿por qué no utilizar estos idiomas para, de alguna manera, canalizar un poco de eso?”. De hecho, esta dimensión ya se pudo percibir en las declaraciones que hizo en el también pódcast Radio Noia: “Admiro mucho a las monjas. Hay una belleza en la vida austera que me parece muy profunda”.

“Cuando canto en francés hay inspiración de Juana de Arco. Cuando canto en ucraniano, por Santa Olga de Kiev. también me inspiro en Santa Rosa de Lima y Santa Teresa”

En Lux, esta diversidad espiritual no es un simple ejercicio estético, sino un acto de búsqueda. Cada lengua, cada voz, es una oración que quiere romper fronteras. El compositor Bernat Vivancos, que colaboró con Rosalía y tuvo la oportunidad de estar presente en la listening party celebrada en el MNAC este pasado miércoles, sintetizó sus percepciones en un tuit con cuatro palabras que parecen definir todo el proyecto: “OFICIO (homenaje a los clásicos), FE (espiritualidad, mística), SINCERIDAD (hace lo que quiere), EXPERIENCIA (escúchenlo de principio a fin, siguiendo el texto y en silencio!)”.

Algunos ven en ella a una artista en plenitud, capaz de convertir la música en una experiencia contemplativa. Y esta lectura coincide con la del doctor en filosofía Ferran Sáez, autor de Presencia de una ausencia, publicado en Publicaciones de la Abadía de Montserrat, para quien, tal como dice en el libro, “cuando la artista catalana Rosalía canta, muestra una inquietud existencial y a la vez una inquietud espiritual, una voluntad explícita de apertura al Misterio”. Según Sáez, a diferencia de los referentes “(pseudo)religiosos, puramente kitsch, de Almodóvar o de Madonna, que en general tienen una función sarcástica y grotesca”, en Rosalía “parece vislumbrarse algo diferente”.

“cuando la artista catalana Rosalía canta, muestra una voluntad explícita de apertura al Misterio”

Esta dimensión interior también ha sido destacada por voces del mundo religioso. Sor Lucía Caram, monja dominica y activista social, afirmaba recientemente en el estreno de su documental Ucrania, resistencia y esperanza que “Rosalía nos mostrará su versión personal a corazón abierto y descubriremos la dimensión espiritual que también tiene una artista que es referente para los jóvenes”. Para Caram, su música “eleva la mirada al cielo, desde la tierra, y canta para conectar con los jóvenes”, y este gesto, dice, “ya es una oración”.

El impacto espiritual de LUX ha abierto, incluso, reflexiones en el terreno de la filosofía y la ética. Xavier Casanovas, profesor en la Cátedra de Ética del IQS – Universidad Ramon Llull, apunta, en su blog 'Reflexions des del marc immanent' que “no creo que podamos hablar de un revival católico, quizá sí en ciertas geografías o grupos minoritarios, pero no extrapolables a nuestra realidad”. No obstante, reconoce que “sí podemos hablar de una necesidad antropológica que pide ser satisfecha de alguna manera”. Y añade: “Si acabamos llenando esta sed de trascendencia con nuevos imaginarios, doy gracias que sea a través de alguien que ha descubierto esto leyendo a Simone Weil”. Casanovas recuerda que la cuestión no es “si religión sí o religión no, sino de qué tipo de Dios, de qué tipo de mística hablamos”, y celebra que, como Weil, Rosalía parezca optar “por la vía del arraigo, de la plena atención y de la radicalidad”.

“descubriremos la dimensión espiritual que también tiene una artista que es referente para los jóvenes”

Así, LUX no es solo un álbum, sino un espacio de meditación sonora que dialoga con lo sagrado desde la postmodernidad. Rosalía no hace proselitismo, sino una actitud: la de abrirse al misterio a través de la belleza. En tiempos de ruido y fragmentación, su apuesta se convierte en una invitación a escuchar, a creer y, sobre todo, a sentir.

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