“He pasado el verano en clausura, como un monje franciscano en mi celda musical, trabajando”. Con estas palabras, la cantante catalana de renombre internacional Rosalía abría el capítulo que el pódcast Ràdio Noia le ha dedicado. En una conversación distendida con la periodista Mar Vallverdú, bajo el título “Me acuesto con Rosalía” y recostadas sobre una gran cama rosa, la artista habló sin filtros de su vida espiritual, de su relación con la fama y del sentido que hoy da a su música.
Durante la conversación, Rosalía recupera recuerdos de su infancia compartidos con toda una generación: “Nos levantamos, vemos Doraemon, el Super3, las Tres Mellizas, la Bruja Aburrida...”. A través de estos referentes comunes, la cantante reivindica sus raíces catalanas y una cotidianidad que contrasta con el universo glamuroso en el que ahora se mueve. “Hollywood o las celebridades de Estados Unidos eran como dioses griegos en el Monte Olimpo para mí”, recuerda, “algo más que una realidad, una alegoría”. Y añade: “Yo no llego allí por obligación, sino porque mi misión en la vida es hacer música”.
“tengo un deseo dentro de mí que sé que este mundo no puede satisfacer. ¿Será este espacio el espacio de Dios?”
Esta idea de “misión” supone un elemento transversal y vertebrador de todo el diálogo y define su actual etapa vital. Rosalía confiesa que su último trabajo ha nacido de un espacio mental diferente, más maduro e interiorizado: “He hecho este disco desde el lugar de no tener miedo al fracaso”. Después de años de disciplina y ambición, la artista afirma que ha dejado atrás la necesidad de aparentar seguridad y que ahora crea “desde dentro hacia fuera, desde la rendición”. “No considero que haya posibilidad de fallar si vives tu camino, realmente”.
La conversación toma un tono más espiritual cuando Vallverdú le pregunta por su relación con la fe y con la sencillez. Rosalía admite sentirse fascinada por la vida contemplativa: “Admiro mucho a las monjas, son como ciudadanas celestiales. Hay una belleza en la vida austera que me parece muy profunda”. En este sentido, reflexiona que “quizás el lujo real es privarse de algo” y que la abundancia auténtica “no es poseer, sino desprenderse”. Una declaración que contrasta con la opulencia que a menudo acompaña su universo estético y que revela un deseo latente de retorno a la esencia. De hecho, la cantante de Sant Esteve Sesrovires afirma: "Creo que, como artista, cuanto más espacio haces dentro de ti mejor receptáculo eres. Idealmente, hay una conexión entre la vacuidad y la divinidad. De alguna manera, si logras hacer espacio, tal vez algo que viene de arriba, algo que está por encima de ti, pueda llegar y pasar a través de ti", para acabar concluyendo que "Yo tengo un deseo dentro de mí que sé que este mundo no puede satisfacer. ¿Será este espacio el espacio de Dios?”.
“Para crear necesitas un periodo de privacidad, de oscuridad. Una semilla necesita oscuridad para crecer”
Rosalía también defiende la necesidad de la introspección como parte del proceso creativo: “Para crear necesitas un periodo de privacidad, de oscuridad. Una semilla necesita oscuridad para crecer”. Asegura vivir ahora un tiempo de aislamiento voluntario, alejada de la exposición constante, con el objetivo de respetar su “compás interno”. “Cada uno sabe cuáles son sus tiempos”, dice, “pero quizás nos falta afinar el oído para escucharlos”.
A lo largo de la entrevista, la cantante barcelonesa muestra un pensamiento sorprendentemente filosófico. “Lo importante es estar en el centro de uno mismo. Mientras estés en tu centro, ¿qué importa cómo lo vean los demás?”, reflexiona. Una visión que combina espiritualidad, autoconocimiento y una cierta ironía sobre la propia condición de icono global.
En definitiva, la Rosalía que habla en Ràdio Noia, quizás no sea la misma que conquistó el mundo con Motomami. Es una artista que busca sentido y libertad, que cuestiona el éxito y que reivindica la quietud como fuente de creación. En un tiempo acelerado y sobreexpuesto, Rosalía defiende volver a las raíces para defender la lentitud, la espiritualidad y el silencio.
Quizás es por eso que sus palabras resuenan, dentro del pódcast, con un tono que podríamos calificar de oración pop -y que, con imaginación, nos podría recordar a un regusto salmódico-: “Si me esfuerzo, afinaré mi oído para saber cuáles son mis tiempos”.