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(Laura Mor –CR) La teoría del artículo 14 de la Convención sobre los derechos del niño de 1989 es clara. Pero la aplicación práctica no lo es tanto y todavía se enfrenta con diversidad de criterios. ¿Qué implica que los Estados respeten "el derecho del niño a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión"? ¿Cuál es el rol de los padres a la hora de garantizar la libertad religiosa de sus hijos e hijas? Este miércoles se ha hablado de ello en el Colegio de Abogados de Barcelona, ​​el ICAB, en el espacio de reflexión que promueve la Fundación Sant Raimon de Penyafort.

El papel de los adultos, sean padres o tutores legales, es clave en la preparación del niño para una vida responsable. Un trabajo de guía y acompañamiento que el Estado debe respetar y que debe servir para la libre elección de la persona en temas tan importantes como la identidad religiosa y de conciencia. Así lo han defendido tanto la profesora de la Facultad de Psicología, Ciencias de la Educación y del Deporte Blanquerana-URL Anna Eva Jarabo, como el abogado Eduard Ibáñez en la mesa redonda. Una, desde el ámbito educativo de las escuelas, la otra, desde el derecho y la función del Estado.

Garantizar la formación religiosa en la escuela

"El rol de los padres es un punto de encaje para guiar las opciones personales y libres de los niños", ha dicho Ibáñez. Como técnico de la dirección general de Asuntos Religiosos de la Generalitat, también ha defendido "el papel activo de los poderes públicos". Les ha atribuido una responsabilidad: "Debemos remover los obstáculos para que los niños puedan ejercer la libertad religiosa", y hacerlo "desde la neutralidad" en el marco de un estado aconfesional y de una laicidad bien entendida.

También ha alertado de que "no se debe confundir neutralidad con neutralizar una fe religiosa", en el sentido de "querer invisibilizar el hecho religioso". Por eso ha hablado del ámbito de la educación: "El poder público debe velar para que haya una formación en cultura religiosa en la escuela".

Ha coincidido Jarabo. Con 27 años de experiencia como profesora de religión en un instituto público, ha asegurado que "la escuela da oportunidades al adolescente de conocer y reconocerse en esta realidad", refiriéndose a la tradición religiosa de cada familia. Ha hablado del proceso de "discernir si está de acuerdo", consciente de que "los textos y simbolismos de las tradiciones religiosas permiten acercarnos a esta realidad que en otras materias no viviríamos".

La profesora Jarabo ha definido la escuela como "espacio privilegiado" para "propiciar la paz y la convivencia". También ha defendido el conocimiento de la diversidad religiosa como una herramienta básica para garantizar "una sociedad inclusiva", para que el niño se abra, dialogue y comprenda que "el otro es tan digno de respeto como yo".

Un derecho humano con dimensión pública

Una comprensión que pasa por conocer y respetar las prácticas personales y colectivas, como los rituales y las costumbres vinculadas al culto y a la observancia religiosa. Eduard Ibáñez ha ponderado que "no hay suficiente cultura ciudadana sobre libertad religiosa y espiritual". Y ha criticado que "a menudo los debates se envenenan por falta de conocimiento y porque a menudo se olvida que hablamos de un derecho humano fundamental" con "una dimensión pública".

También ha participado en la mesa redonda el presidente de la Fundación Ferrer i Guardia, Joan Francesc Pont, que se define como humanista agnóstico. Para él, "la libertad religiosa no puede ser analizada fuera del resto de derechos y deberes". Y ha puesto como ejemplo que "ha de primar el derecho a la salud" en el caso de las transfusiones de sangre que rechazan los testigos de Jehová.

Pont también ha defendido la creación de una Facultad de Teología de carácter público y la contratación pública de los profesores de religión en escuelas e institutos. En su intervención ha apostado por un modelo social "conjunto, de ciudad no segregada", que haga más evidente la diversidad de creencias y el "mapa plural" que configuran nuestra sociedad.

La sesión la ha moderado el catedrático en Derecho constitucional Joan Lluís Pérez. Y el abogado y patrón de la Fundación Saint Raimon de PenyafortXavier Puigdollers, ha dado la bienvenida a los asistentes y ha presentado las conclusiones del diálogo. Puigdollers ha cerrado el acto recuperando la declaración de Ginebra de 1924: "Yo siempre me quedo con el primer artículo, con este ya tengo suficiente, que dice que los niños deben disfrutar de todos los elementos materiales y espirituales que les ayuden a crecer".