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(Montserrat Boixareu –CR) En la oración de Laudes del domingo 24 de abril me entero de que ha muerto Josep Massot y Muntaner, a quien siempre llamé padre Massot desde que empecé a trabajar en las Publicaciones de la Abadía de Montserrat, en 2001. Ha muerto el día siguiente de la Fiesta del libro, tal y como llamaba él esta fecha, especialmente señalada para autores, editores, libreros y todos los catalanes.

Fue un 23 de abril que el padre Massot vino a la sede de las PAM, en la calle Ausiàs Marc de Barcelona, ​​con bolsas llenas de libros que le habían regalado. No pude estar: "Padre Massot, a usted no sabría qué libro regalarle, con todo lo que lee" (y con todo lo que sabe, pensé). La respuesta no se hizo esperar: "Me puedes regalar el libro que quieras porque me lo leo todo, me interesa todo."

Cuento lo que podría ser sólo una anécdota, pero que siempre ha sido para mí la forma de describir la personalidad de este monje benedictino, sabio y erudito con una inmensa capacidad de trabajo.

El padre Massot, que conocí en 2001, y con quien nos tratamos por última vez en enero de 2022, fue director de las PAM desde 1971. Por su trabajo serio y riguroso se deduce que vivía el trabajo en las Publicaciones como un servicio de Montserrat a la cultura catalana, tal y como le había sido encomendado. Aparte, y muy relacionado con lo que publicaba, se entregaba igualmente a participar en numerosos actos y conferencias por todos los Países Catalanes y al trabajo igualmente activo en el Institut d'Estudis Catalans, en la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona, la Sociedad de Onomástica y la Sociedad Verdaguer.

El padre Massot de las Publicaciones de la Abadía de Montserrat es el filólogo, el editor, el historiador, el autor. Como director de la editorial había originales que sólo de hojear un par de páginas ya sabía si eran publicables o no, otras que debía mirarse con detalle antes de decidir. La mesa de su despacho era conocida como un mar de galeradas, originales pendientes de revisar, libros recientes publicados y papeles de todo tipo que sólo él sabía que estaban y dónde estaban. En Montserrat decía que lo tenía igual.

Había días que dormía en Barcelona y podía llegar a la editorial antes que nadie, quizás antes de las siete de la mañana. Cuando llegábamos después podía ser que estuviera aprovechando para terminar galeradas o bien con el Breviario y haciendo la oración correspondiente. Era Ora et labora benedictino, dentro y fuera del monasterio. Resulta difícil imaginar la tensión que esto le debió suponer, pero es con la que viviría todos los años de director de las PAM. En Montserrat, lo sabían, muchas veces había una luz encendida hasta la madrugada, era el padre Massot trabajando.

El padre Massot, director de las PAM, difícilmente tenía un no cuando se le consultaban desde correcciones a criterios editoriales o, por ejemplo, de trato con los autores. Por mucho trabajo que tuviera, no ahorraba nunca los cuidados a la cuestión que se le planteaba. Trabajar de esta forma era muy gratificante no sólo por la resolución práctica de lo que fuera, sino por el saber del oficio que transmitía.

Yo sabía que cuando el abad Cassià le nombró director, el padre Massot sólo pidió que no le obligaran nunca a publicar ningún libro que él no quisiera publicar. No creo que lo hiciera nunca. Con esa misma libertad, Josep Massot trataba a los autores cuando aceptaba publicar sus obras.

En enero de este año, en Montserrat, le pregunté sobre datos y fechas de algún autor o editorial catalanas que no eran de las PAM: yo acababa de consultarlo en internet, él lo tenía todo (nombres, fechas y hechos) en su memoria excepcional. La conversación, como de habitual, ya sin condicionamientos laborales, sobre las editoriales catalanas, sobre Montserrat, sobre conocimientos comunes. Todavía, Ora et labora benedictino, dentro y fuera del monasterio.