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(CR) El arzobispo de Barcelona, Joan Josep Omella, y el obispo Girona, Francesc Pardo, afrontan en las cartas dominicales de este domingo la situación política que vive Cataluña ante la celebración de la Diada del 11 de Septiembre. Ambos insisten en el mensaje de "cohesión social" y "convivencia" que han transmitido los obispos catalanes en las notas conjuntas. Pardo hace también una demanda concreta a "estar muy cerca" de los presos y exiliados "que sufren".

El cardenal Omella dedica la carta semanal a la "Diada de Cataluña" y argumenta en una línea similar a lo que ya expresó en una carta de enero de este año. Pide que este 11 de septiembre se haga "presente el espíritu franciscano, tan arraigado en la cultura catalana". Asegura que "sólo en un clima de concordia es posible avanzar hacia una solución justa a la situación creada que sea mínimamente aceptable para todos, con un gran esfuerzo de diálogo" que pedían los obispos catalanes el pasado febrero.

Según Omella, "últimamente hemos vivido hechos y signos positivos en esta línea. Ojalá lleguen otros y podamos crear un clima nuevo". También asegura que "la Iglesia católica debe ser un factor de cohesión social, una instancia que busque y promueva caminos de buena voluntad, caminos de esperanza y paz, caminos de comunión y no de confrontación".

El obispo de Girona también centra la carta dominical en la "Diada Nacional" en una situación "compleja que conlleva sufrimiento y, al mismo tiempo, esperanza". Explica que "el mandamiento del amor a los demás como exigencia evangélica también incluye el amor al propio país y a su gente, y compartir sus gozos, sufrimientos y esperanzas".

Pardo cree que "nos debe preocupar la tensión que se vive, en algunas situaciones, entre grupos de diversas opciones políticas" con "enfrentamientos que dificultan la convivencia". "No hemos responder a las descalificaciones con más descalificaciones, sino valorar la pluralidad manteniendo el respeto mutuo" dice. Y que "No rompamos lazos. Al contrario: en positivo, construimos puentes de «comunión», exigencia especial para nosotros, cristianos".

Este es el texto de las dos cartas dominicales que publican las hojas diocesanas de este domingo que hablan de la Diada.

Presos y exilio

El obispo de Girona, sin embargo, comienza su carta remarcando que "vivimos sentimientos de dolor y preocupación por quienes están privados de libertad en la cárcel con unas acusaciones que gran parte de la ciudadanía rechaza; también por los que se han visto forzados, de una manera u otra, en el exilio ". Y que "como cristianos, siempre necesitamos ser muy cerca de las personas que sufren, y por eso en este día debemos sentirnos cercanos a todas ellas, no por opciones políticas, sino por exigencias de nuestra fe y de las obras de misericordia ". Un idea en la línea de la posición de los obispos catalanes respecto el acercamiento de los presos.

Otros obispos y eclesiásticos también se han pronunciado denunciando esta situación. Hace pocos días, el arzobispo de Urgell, Joan-Enric Vives, durante la fiesta de San Gil en el Santuario de Núria, pidió la buena convivencia entre todos los catalanes, el diálogo y el respeto y la liberación y el buen trato de todos los presos, los preventivos y los ya juzgados, y todas las personas que están lejos del país por motivos diversos.

Ante la Diada de este año

Cardenal Juan José Omella. Arzobispo de Barcelona

Ante la Diada de Cataluña, que se celebra el próximo martes, me vienen a la memoria las palabras iniciales de una famosa oración por la paz, según el espíritu de san Francisco de Asís. Con estas palabras, muchos hombres y muchas mujeres de buena voluntad de todo el mundo se han dirigido a Dios durante siglos. Son estas: «Señor, haz de mí un instrumento de tu paz. Que donde haya odio, ponga amor. Donde haya ofensa, ponga perdón. Donde haya discordia, ponga la unión.Donde haya error, ponga la verdad ».

Este Once de Septiembre puede ser un buen día para hacer presente el espíritu franciscano, tan arraigado en la cultura catalana. En las actuales circunstancias, es posible que alguien piense que esto es una utopía. Pero hay utopías que, con la buena voluntad de todos y con creatividad, acaban convirtiéndose en realidad.

Ya lo dijimos los obispos de las diócesis catalanas en el encuentro del dieciséis de febrero de este año: «Los obispos [...] dirigimos un llamamiento a todos a hacer un esfuerzo para rehacer la confianza mutua dentro de una sociedad como la nuestra en la que se da una gran pluralidad cultural, política y también religiosa. La cohesión social, la concordia, sentirnos cercanos unos a otros y el respeto a los derechos de todas las personas que viven en Cataluña debe ser uno de nuestros objetivos prioritarios en este momento ».

Mi deseo es hacer una llamada a la concordia, porque me parece que sólo en un clima de concordia es posible avanzar hacia «una solución justa a la situación creada que sea mínimamente aceptable para todos, con un gran esfuerzo de diálogo desde la verdad, con generosidad y con búsqueda del bien común ». Últimamente hemos vivido hechos y signos positivos en esta línea. Ojalá lleguen otros y podamos crear un clima nuevo. Que Dios nos ayude!

Hay que construir puentes. Y hay que fomentar una convivencia vital y confiada. La Iglesia católica debe ser un factor de cohesión social, una instancia que busque y promueva caminos de buena voluntad, caminos de esperanza y paz, caminos de comunión y no de confrontación.

Os pido, pues, que ruega a Dios por nuestro pueblo y que haga su la oración de san Francisco. Me parece que tiene el mérito de ser tan universal que la pueden hacer su todos los hombres y las mujeres de buena voluntad, sea cual sea su religión o actitud ante las creencias. También recuerdo que el Misal Romano hay una bonita oración por el propio país o por la propia ciudad, que se refiere significativamente al espíritu de concordia, y que dice: "Dios, Padre nuestro, que con admirable providencia gobiernan el mundo, escucha esta oración por nuestro país, porque la sabiduría de sus autoridades y la honestidad de sus ciudadanos robustecer la concordia y la justicia y podamos vivir en la paz y en el progreso constante ». Sólo puedo añadir: que así sea. Buena Diada a todos!

 

Día Nacional de Cataluña

Francisco Pardo. Obispo de Girona.

Martes celebramos la Fiesta Nacional. En Cataluña vivimos una situación compleja que conlleva sufrimiento y, al mismo tiempo, esperanza. El mandamiento del amor a los demás como exigencia evangélica también incluye el amor al propio país ya su gente, y compartir sus gozos, sufrimientos y esperanzas.

Los cristianos, como recomienda San Pablo, nos debemos interesar por todo lo que es respetable, justo, amable ... por todo lo que es virtuoso y digno de elogio. Como ciudadanos, nos preocupamos siempre por el presente y por el futuro de Cataluña, pero más en fechas señaladas, como lo es la Fiesta Nacional.

Vivimos sentimientos de dolor y preocupación por quienes están privados de libertad en la cárcel con unas acusaciones que gran parte de la ciudadanía rechaza;también por los que se han visto forzados, de una manera u otra, en el exilio. No podemos olvidar el sufrimiento y la angustia de ellos mismos y de sus familias.

Como cristianos, siempre necesitamos ser muy cerca de las personas que sufren, y por eso en este día debemos sentirnos cercanos a todas ellas, no por opciones políticas, sino por exigencias de nuestra fe y de las obras de misericordia .

Sin embargo, también debe preocuparnos la tensión que se vive, en algunas situaciones, entre grupos de diversas opciones políticas con relación a España. Esta tensión provoca enfrentamientos que dificultan la convivencia.

Seamos conscientes de que nadie es propietario del país, y que el país no acoge una sola cultura ni admite una sola manera de quererlo. Es prioritario esforzarse para buscar el bien común por encima de la propia forma de pensar el presente o el futuro, y por encima de cualquier estrategia. Concretamente, necesitamos ser respetuosos, justos, amables con las personas y grupos que tienen diferentes opciones en relación con el presente y el futuro de Cataluña. Por eso hay siempre el discernimiento y un comportamiento pacificador y cívico.

El amor al propio país y la búsqueda de su mejora en todas las dimensiones no debe convertirse en una actitud egoísta y cerrada. Al contrario, es necesario que esta actitud promueva la convicción de que también somos ciudadanos del mundo, con voluntad de buscar la mejor manera de convivir con los diversos pueblos de España y de todo.

Tratamos bien toda persona: las personas más cercanas y las más alejadas de nosotros debido a sus posiciones, talantes ... y tanto en las relaciones de ámbito familiar y vecinal como político. No hemos responder a las descalificaciones con más descalificaciones, sino valorar la pluralidad manteniendo el respeto mutuo. Es fundamental preservar la convivencia atendiendo a la diferencia como necesario patrimonio colectivo. No rompamos lazos. Al contrario: en positivo, construimos puentes de «comunión», exigencia especial para nosotros, cristianos.

El amor en Cataluña se manifiesta para nosotros en varias acciones, pero también en la oración. Cada uno debe actuar según sus convicciones y participar en los actos que considere más adecuados, con la condición de que sean pacíficos y respeten los derechos de las personas.

Y también hay que rezar por Cataluña. La oración no significa magnificar ninguna opción, sino confiar a Dios los hechos y situaciones que se viven y estar atentos a su Palabra. La oración es, sobre todo, una actitud en el momento de afrontar las alegrías, las penas y las preocupaciones. Y, desde esta experiencia, nos ayudará a vivir cada momento de nuestra vida, de iluminarla y confortarla.

 

L’arquebisbe de Barcelona, Joan Josep Omella, i el bisbe Girona, Francesc Pardo, afronten en les cartes dominicals d’aquest diumenge la situació política que viu Catalunya davant la celebració de la Diada de l’11 de Setembre. Els dos insisteixen en el missatge de “cohesió social” i “convivència” que han transmès els bisbes catalans en les notes conjuntes. Pardo fa també una demanada concreta a “ser molt a prop” dels presos i exiliats “que sofreixen”.

El cardenal Omella dedica la carta setmanal a la “Diada de Catalunya” i argumenta en una línia similar al que ja va expressar en una carta del gener d’aquest any. Demana que aquest 11 de setembre es faci “present l’esperit franciscà, tan arrelat a la cultura catalana”. Assegura que “només en un clima de concòrdia és possible avançar cap a ‘una solució justa a la situació creada que sigui mínimament acceptable per a tots, amb un gran esforç de diàleg’” que demanaven els bisbes catalans el passat febrer.

Segon Omella, “darrerament hem viscut fets i signes positius en aquesta línia. Tant de bo n’arribin d’altres i puguem crear un clima nou”. També assegura que “l’Església catòlica cal que sigui un factor de cohesió social, una instància que cerqui i promogui camins de bona voluntat, camins d’esperança i pau, camins de comunió i no de confrontació”.

El bisbe de Girona també centra la carta dominical en la “Diada Nacional” en una situació “complexa que comporta sofriment i, alhora, esperança”. Explica que “el manament de l’amor als altres com a exigència evangèlica també inclou l’amor al propi país i a la seva gent, i compartir els seus goigs, sofriments i esperances”.  

Pardo creu que “ens ha de preocupar la tensió que es viu, en algunes situacions, entre grups de diverses opcions polítiques” amb “enfrontaments que dificulten la convivència”. ”No hem respondre a les desqualificacions amb més desqualificacions, sinó valorar la pluralitat mantenint el respecte mutu” diu. I que “No esquincem llaços. Al contrari: en positiu, construïm ponts de «comunió», exigència especial per a nosaltres, cristians.

Presos i exili

El bisbe de Girona, però, comença la seva carta remarcant que “vivim sentiments de dolor i preocupació pels qui estan privats de llibertat a la presó amb unes acusacions que gran part de la ciutadania rebutja; també pels qui s’han vist forçats, d’una manera o altra, a l’exili”. I que “com a cristians, sempre ens cal ser molt a prop de les persones que sofreixen, i per això en aquesta diada ens hem de sentir propers a totes elles, no per opcions polítiques, sinó per exigències de la nostra fe i de les obres de misericòrdia”. Un idea en la línia de la posició dels bisbes catalans respecte l’acostament dels presos.  

Altres bisbes i eclesiàstics també s’han pronunciat denunciant aquesta situació. Fa pocs dies, l’arquebisbe d’Urgell, Joan-Enric Vives, durant la festa de Sant Gil al Santuari de Núria, va demanar la bona convivència entre tots els catalans, el diàleg i el respecte i l'alliberament i el bon tracte de tots els presos, els preventius i els ja jutjats, i totes les persones que estan lluny del país per motius diversos.

Aquest és el text de les dues cartes dominicals que publiquen els fulls domunicals d’aquest diumenge que parlen de la Diada.

 

Davant la Diada d’aquest any

Cardenal Joan Josep Omella. Arquebisbe de Barcelona

Davant la Diada de Catalunya, que s’escau el proper dimarts, em venen a la memòria les paraules inicials d’una famosa pregària per la pau, segons l’esperit de sant Francesc d’Assís. Amb aquestes paraules, molts homes i moltes dones de bona voluntat d’arreu del món s’han dirigit a Déu durant segles. Són aquestes: «Senyor, feu de mi un instrument de la vostra pau. Que on hi hagi odi, hi posi amor. On hi hagi ofensa, hi posi perdó. On hi hagi discòrdia, hi posi la unió. On hi hagi error, hi posi la veritat».

Aquest Onze de Setembre pot ser un bon dia per fer present l’esperit franciscà, tan arrelat a la cultura catalana. En les actuals circumstàncies, és possible que algú pensi que això és una utopia. Però hi ha utopies que, amb la bona voluntat de tots i amb creativitat, acaben convertint-se en realitat.

Ja ho vam dir els bisbes de les diòcesis catalanes en la trobada del setze de febrer d’aquest any: «Els bisbes […] adrecem una crida a tothom a fer un esforç per refer la confiança mútua dins d’una societat com la nostra en la qual es dona una gran pluralitat cultural, política i també religiosa. La cohesió social, la concòrdia, sentir-nos propers els uns als altres i el respecte als drets de totes les persones que viuen a Catalunya ha de ser un dels nostres objectius prioritaris en aquest moment».

El meu desig és fer una crida a la concòrdia, perquè em sembla que només en un clima de concòrdia és possible avançar cap a «una solució justa a la situació creada que sigui mínimament acceptable per a tots, amb un gran esforç de diàleg des de la veritat, amb generositat i amb recerca del bé comú». Darrerament hem viscut fets i signes positius en aquesta línia. Tant de bo n’arribin d’altres i puguem crear un clima nou. Que Déu ens hi ajudi!

Cal bastir ponts. I cal fomentar una convivència vital i confiada. L’Església catòlica cal que sigui un factor de cohesió social, una instància que cerqui i promogui camins de bona voluntat, camins d’esperança i pau, camins de comunió i no de confrontació.

Us demano, doncs, que pregueu a Déu pel nostre poble i que feu vostra la pregària de sant Francesc. Em sembla que té el mèrit de ser tan universal que la poden fer seva tots els homes i les dones de bona voluntat, sigui quina sigui la seva religió o actitud davant les creences. També recordo que al Missal Romà hi ha una bonica pregària pel propi país o per la pròpia ciutat, que es refereix significativament a l’esperit de concòrdia, i que diu: «Déu, Pare nostre, que amb admirable providència governeu el món, escolteu aquesta pregària pel nostre país, perquè la saviesa de les seves autoritats i l’honestedat dels seus ciutadans enrobusteixin la concòrdia i la justícia i puguem viure en la pau i en el progrés constant». Només puc afegir-hi: que així sigui. Bona Diada a tothom!

 

Diada Nacional de Catalunya

Francesc Pardo. Bisbe de Girona.

Dimarts celebrem la Diada Nacional. A Catalunya vivim una situació complexa que comporta sofriment i, alhora, esperança. El manament de l’amor als altres com a exigència evangèlica també inclou l’amor al propi país i a la seva gent, i compartir els seus goigs, sofriments i esperances.

Els cristians, com recomana sant Pau, ens hem d’interessar per tot allò que és respectable, just, amable... per tot allò que és virtuós i digne d’elogi. Com a ciutadans, ens preocupem sempre pel present i pel futur de Catalunya, però més en diades assenyalades, com ho és la Diada Nacional.

Vivim sentiments de dolor i preocupació pels qui estan privats de llibertat a la presó amb unes acusacions que gran part de la ciutadania rebutja; també pels qui s’han vist forçats, d’una manera o altra, a l’exili. No podem oblidar el sofriment i l’angoixa d’ells mateixos i de les seves famílies.

Com a cristians, sempre ens cal ser molt a prop de les persones que sofreixen, i per això en aquesta diada ens hem de sentir propers a totes elles, no per opcions polítiques, sinó per exigències de la nostra fe i de les obres de misericòrdia.

Tanmateix, també ens ha de preocupar la tensió que es viu, en algunes situacions, entre grups de diverses opcions polítiques amb relació a Espanya. Aquesta tensió provoca enfrontaments que dificulten la convivència.

Siguem conscients que ningú no és propietari del país, i que el país no acull una sola cultura ni admet una sola manera d’estimar-lo. És prioritari esforçar-se per cercar el bé comú per sobre de la pròpia manera de pensar el present o el futur, i per sobre de qualsevol estratègia. Concretament, ens cal ser respectuosos, justos, amables envers les persones i grups que tenen diferents opcions en relació amb el present i el futur de Catalunya. Per això cal sempre el discerniment i un comportament pacificador i cívic.

L’amor al propi país i la recerca de la seva millora en totes les dimensions no ha de convertir-se en una actitud egoista i tancada. Al contrari, cal que aquesta actitud promogui la convicció que també som ciutadans del món, amb voluntat de cercar la millor manera de conviure amb els diversos pobles d’Espanya i d’arreu.

Tractem bé tota persona: les persones més properes i les més allunyades de nosaltres a causa de les seves posicions, tarannàs... i tant en les relacions d’àmbit familiar i veïnal com polític. No hem respondre a les desqualificacions amb més desqualificacions, sinó valorar la pluralitat mantenint el respecte mutu. És fonamental preservar la convivència atenent a la diferència com a necessari patrimoni col·lectiu. No esquincem llaços. Al contrari: en positiu, construïm ponts de «comunió», exigència especial per a nosaltres, cristians.

L’amor a Catalunya es manifesta per a nosaltres en diverses accions, però també en la pregària. Cadascú ha d’actuar segons les seves conviccions i participar en els actes que consideri més adients, amb la condició que siguin pacífics i respectin els drets de les persones.

I també cal pregar per Catalunya. La pregària no significa magnificar cap opció, sinó confiar a Déu els fets i situacions que es viuen i estar atents a la seva Paraula. La pregària és, sobretot, una actitud en el moment d’afrontar les alegries, les penes i les preocupacions. I, des d’aquesta experiència, ens ajudarà a viure cada moment de la nostra vida, d’il·luminar-la i confortar-la.