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(CR) Escándalo, humillación y ultraje. Son algunos de los términos con que el obispo de Barbastro-Monzón Ángel Pérez Pueyo se expresaba en un comunicado este miércoles. En el texto, titulado 'La iglesia, una Institución Libre y abierta', dice que su diócesis está “quemada” por las alegaciones que ha presentado a instancias judiciales el obispado de Lleida ante la sentencia que les requería el retorno de 111 obras de arte a las parroquias de la Franja. Y este jueves el obispado de Lleida ha respondido con una nota.

“El lenguaje y los sentimientos de unos y de otros deben partir siempre de los textos evangélicos”, apuntan desde el obispado de Lleida. También afirman que el obispo Salvador Giménez “nunca ha recibido coacciones ni presiones de ninguna autoridad”. Y recuerda “derecho que le ampara a defenderse ante los tribunales a través de los recursos que ofrece a cualquier ciudadano nuestro ordenamiento legal”.

Pueden leer las dos notas a continuación:

Nota del obispado de Lleida sobre el litigio de las obras de arte

Ante el comunicado de la diócesis de Barbastro-Monzón, publicado ayer con el título “La iglesia, una institución libre y abierta” referido al litigio sobre unas obras de arte en disputa desde la segregación de parte del territorio de la diócesis de Lleida (el formado por las parroquias de la provincia de Huesca), parece lógico que ésta ofrezca también las siguientes aclaraciones con objeto de equilibrar las dimensiones divergentes del problema.

1. El tema referido en dicho comunicado está situado ahora en el ámbito jurídico, sin menoscabo del cultural e histórico; no se trata, como hace el texto, de entrar en valoraciones sobre personas e intenciones (escándalo, despropósito, humillación, ultraje…) o en impresiones que puedan causar malestar en algunas personas, (sorpresa, pesadumbre, desconcertado, dolido, muy quemada…). No hace al caso tampoco la sospecha o la acusación personal para provocar una respuesta. Nadie es verdugo de nadie, menos en nuestro caso de diócesis vecinas que comparten personas y finalidades comunes. Además, el lenguaje y los sentimientos de unos y de otros deben partir siempre de los textos evangélicos.

2. Creemos que no se puede olvidar que el mencionado litigio tiene dos partes. La primera, se desarrolló en el ámbito eclesiástico y se cerró con indicaciones expresas a la diócesis de Lleida por parte de las autoridades y tribunales de la Iglesia para que las piezas en cuestión fueran retornadas a sus parroquias de origen, hecho aceptado explícitamente por los tres últimos obispos y, por supuesto, por el actual. Por motivos ya sabidos y explicados en distintas instancias eclesiales, no fue posible satisfacer los requerimientos. La segunda es la que se está desarrollando en los tribunales civiles ante los que la diócesis de Barbastro-Monzón ha denunciado al obispado de Lleida. Esta es una fase que, desde el punto de vista legal, no ha terminado su recorrido sino que se encuentra todavía abierto y con posibilidad de presentar los correspondientes recursos.

3. La diócesis de Lleida, con su obispo al frente, comparte el gozo de sentir y vivir como indica la diócesis de Barbastro-Monzón en su comunicado, en una Iglesia siempre libre y abierta. Por eso nunca ha manifestado ningún tipo de reticencia ante el hecho de que aquel obispado haya ejercido la libertad de recurrir a los tribunales civiles y, con seguridad, el mismo reconocerá idéntica libertad a esta diócesispara exponer razonadamentesus argumentos ante el juez que los requiera. Es más el obispo de Lleida afirma que nunca ha recibido coacciones ni presiones de ninguna autoridad; se ha respetado su libertad fundada en su responsabilidad pastoral aun lamentando las acusaciones vertidas por algunos medios de comunicación contra su persona y su ministerio.

4. Esta diócesis comparte la convicción, expresada siempre en las diferentes informaciones del obispado de Barbastro-Monzón, del respeto a la ley y a los procedimientos legales que ella misma articula. Por eso no resulta extraño que quien es acusado ante un tribunal, como lo ha sido el obispado de Lleida, quiera y pueda acogerse a lo que la ley tiene previsto. En consecuencia no dudamos que se le reconocerá y respetará el derecho que le ampara a defenderse ante los tribunales a través de los recursos que ofrece a cualquier ciudadano nuestro ordenamiento legal.

5. La justicia ha hablado en primera instancia pero, como todo el mundo sabe, puede hablar de nuevo en otras instancias.

6. En los desencuentros hay sufrimiento por ambas partes. Esta diócesis no pretende causar más dolor a nadie, sólo presentar sus argumentos y defender, según su criterio, las propias razones.

Lleida, 12 de noviembre de 2020.

 

 

La iglesia, una institución libre y abierta

Tras el recurso de apelación presentado por el Obispado de Lérida a la sentencia del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción n.º 1 de Barbastro del juicio ordinario 42/2018, y ante las consultas de los medios recibidas, así como por la inquietud generada en los fieles de esta diócesis, el obispo de Barbastro-Monzón, Ángel Pérez Pueyo, comunica:

Con sorpresa y pesadumbre he conocido las alegaciones del Obispado de Lérida a la sentencia del Juzgado de Barbastro que ordenó, el 10 de diciembre de 2019, la inmediata devolución de 111 obras de arte a las 43 parroquias aragonesas que son sus legítimas propietarias.

En la Iglesia he encontrado siempre una institución libre y abierta, por eso me causa una enorme tristeza que la diócesis de Lérida, tras haber reconocido en varias ocasiones la propiedad aragonesa de los bienes, alegue ahora falta de libertad.

El pueblo de Dios que peregrina en esta humilde diócesis de Barbastro-Monzón está desconcertado y dolido con este tema. La gente no concibe este despropósito y me lo hace llegar constantemente. Está muy quemada, pues son 25 años de espera, en los que tanto la justicia eclesiástica como la civil ha dictaminado que esos bienes deben volver a las parroquias aragonesas. 

Yo, como pastor, trato de apaciguar para que reine la comunión, pues todos somos Iglesia, y mi único deseo, como tantas veces he dicho, es tender puentes también con nuestros vecinos y hermanos. Pero cada vez resulta más difícil. Es tan grande y creciente el “escándalo”, en palabras de muchos católicos, que la situación se torna insostenible.

La Justicia ha hablado, una vez más. Solo espero que la otra parte recapacite, con respeto, y cierre este doloroso capítulo, para no seguir ahondando en la humillación y ultraje de quienes solo están reclamando lo que es suyo. Es cuestión de dignidad y justicia.

Barbastro-Monzón, 11 de de noviembre de 2020