Voleu rebre les notícies?

Subscriviu-vos al butlletí gratuït

(Laura Mor -CR / Sant Boi de Llobregat) No hace todavía un año que el andaluz Francisco José Ruiz profesó como hermano de San Juan de Dios. Esta semana la ha pasado en Cataluña, acompañado de otros hermanos escolásticos europeos y de los maestros de novicios de cada provincia de origen, que dinamizan la formación. Vienen de España, Portugal, Francia, Alemania, Polonia y Austria. Cada año se encuentran en algún punto de Europa. Esta vez les ha acogido la comunidad de la curia provincial de la provincia de Aragón-San Rafael, en Sant Boi de Llobregat.

El hermano Ruiz aprecia el valor comunitario y el seguimiento que se hacen mutuamente. "Es una riqueza considerable que me hace sentir seguridad", comenta sobre el encuentro de escolásticos. Subraya también la presencia de hermanos jóvenes en estos encuentros. "Esto quiere decir que el carisma está vivo". Considera que los hermanos ofrecen "la oportunidad de ir todos juntos a favor de que la tarea continue". "Es fundamental que todos bebamos de una misma fuente, que el carisma quede plasmado en la tarea que desarrollan los profesionales", añade.

Aparte del trabajo interno, estos siete días de formación han visitado diferentes proyectos de la institución. El hermano Ruiz destaca como particularidad importante "cómo funciona la orden en Cataluña". Entre otras obras, han conocido el hospital maternoinfantil de Esplugues de Llobregat y el centro residencial de inclusión de Hort de la Vila , en Sarrià, para personas sin hogar. Los considera buenos ejemplos de misión compartida entre religiosos y laicos, profesionales y voluntarios. Es consciente de la disminución de vocaciones y aprecia "la apertura de los centros" como "garantía de que el carisma de San Juan de Dios iniciado hace más de quinientos años continúa".

¿Qué une a los hermanos que estos días se han reunido en Cataluña? ¿Qué carácter especial imprime el carisma? ¿Donde pone el acento la orden hospitalaria en su servicio? Según Ruiz, la clave está en la atención personalizada. Una atención "que se haga con los valores de la orden que son el respeto, la escucha y la empatía". Como hermano cree que hay que vivir estos valores para poder trasladar a las personas atendidas. "Es evidente que hay unas necesidades; que bien que haya una institución que las cubra ", concluye.