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(Laura Mor –CR) La innovación educativa vive un momento fuerte. Es una eclosión en un camino de largo recorrido. Mientras algunos la perciben como una moda pasajera, otros la reducen a una revolución tecnológica. El marketing educativo hace de anzuelo, pero deja algunas cuestiones por resolver.

Para poner orden entre fines y medios, hemos hablado con el secretario general de la Fundació Escola Cristiana de Catalunya, Enric Puig, pocos días antes de que maestros y profesores celebren la II Jornada de Innovació en el colegio Dominicas de la Enseñanza de Barcelona. El núcleo de la propuesta servirá para identificar elementos comunes y diferenciadores de algunos proyectos que se están implantando en las escuelas. Participarán en él Pep Buetas, de la Xarxa Maristas Innovació; Modest Jou, del #Avuixdemà de la FEDAC; Josep Menéndez, del proyecto 'Horizonte 2020' de la Fundació Jesuites Educació; Boris Mir de 'Escola Nova 21' y Pere Vilaseca comentará el proyecto 'Summem', de la Escola Pia.

He aquí cinco ítems de la conversación con Enric Puig, para comprender mejor de dónde vienen y hacia dónde van las escuelas que han dicho sí a la innovación.

1. Un largo itinerario. La innovación educativa en nuestro país comienza a finales de los años 60 y a principios de los 70. Es un ejemplo el Col·legi Montserrat que durante muchos años ha dirigido la religiosa y pedagoga Montserrat del Pozo. "La innovación educativa ha tomado una fuerza especial gracias a las nuevas tecnologías" reconoce Puig. Pero insiste en el contexto, que viene de antiguo: "Es sensato colocar el proceso actual como un momento fuerte de un itinerario de innovación que es bastante más largo".

2. Una respuesta a las necesidades de cada momento. La escuela cristiana ya ofreció entonces cursos y seminarios en muchos lugares para introducir cambios en la praxis diaria del aula. El objetivo se mantiene: "Del mismo modo que en su momento se buscó la respuesta al reto de la sociedad industrial, estamos buscando la respuesta pedagógica al momento actual".

3. El alumno, en el centro. Y el maestro, a su lado. Se ha convertido en un mantra de la innovación educativa: "El alumno es el centro del aprendizaje". Pero, ¿dónde queda el maestro? "Es muy conveniente y saludable que el maestro esté cerca, no se puede menospreciar la figura del maestro". Asegura que el consejo "es muy viejo" pero sigue siendo válido: "Hay que redescubrir la figura del maestro que acompaña, que es referente, que ofrece, que abre horizontes."

4. Educar el corazón de la persona. Enric Puig es consciente que circulan mensajes equívocos en la llamada a la innovación educativa. ¿Qué venden las escuelas? Excelencia, dominio del inglés y de las nuevas tecnologías, las inteligencias múltiples... "¡Todo esto es buenísimo!", asegura. Siempre y cuando que la escuela no se olvide de lo primero: "Debemos educar el corazón de las criaturas porque eso es lo que las hace personas". ¿Y qué significa educar el corazón? "Que sea compasivo, comprensivo con el otro, solidario".

5. El coste de innovar. ¿Todas las escuelas pueden asumir el coste de la innovación? Enric Puig recomienda "estar muy atento a la realidad, no sea que estemos hablando de una innovación que no todo el mundo pueda asumir". Si se quiere dar el paso, reivindica dotar antes las escuelas de los recursos necesarios.