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El primer discurso de Rajoy en las Cortes generales parece orientarse a centrar el Partido Popular en posiciones alejadas de las actitudes más llamativas de las voces que hasta ahora parecían marcar la agenda política de esta formación. A la espera de concretar su agenda política y, sobre todo, a la espera de conocer el nombramiento de ministros y personal de confianza en la Moncloa, Rajoy apuesta por intentar situar su proyecto político para España en el centro político.
 
Este es un buen camino; con todo es claramente insuficiente para responder a la problemática que vive el país. Rajoy tiene que hacer un esfuerzo para tender la mano a la realidad política del País Vasco y reconocer el nuevo escenario que representa Amaiur. La decisión de la Mesa del Congreso, forzada por el PP, es una pésima noticia. Por otro lado, Rajoy deberá rehacer las maltrechas relaciones con Cataluña y acabar con las voces que desde su formación han pregonado una catalanofobia que se ha extendido un poco en toda España. En efecto, desde las campañas propiciadas por el PP contra el Estatut de Cataluña hasta otras que pregonaban los boicots a productos catalanes, Cataluña ha sufrido una campaña inaceptable y del todo injusta. Rajoy, si quiere gobernar para todos y desde posiciones más sensatas, debe recuperar unas relaciones con Cataluña y el País Vasco asentadas desde el reconocimiento de hechos nacionales diferenciados. El camino de España, si es posible, no puede ser otra que el camino del reconocimiento plurinacional.

Este, muy probablemente, será el reto más delicado del futuro presidente del gobierno de España. ¿Tendrá la autoridad necesaria para acabar con los pregoneros de la extrema derecha de su partido? Lo veremos durante los próximos meses.