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El próximo día 9 de diciembre nos podemos jugar el futuro de los próximos diez años de Europa. La cumbre de jefes de estado debe buscar el camino para asegurar una mayor integración política, económica y social de Europa. Como he repetido en varias ocasiones, el futuro de Europa en un mundo multipolar en el que sólo representamos el 7% de la población mundial pasa por una mayor integración y cohesión del continente. Todo paso atrás puede ser muy negativo.
 
Durante la semana pasada algunas voces francesas volvían a encender el "chauvinismo" estrecho recordando las confrontaciones bélicas entre Francia y Alemania desde Bismarck hasta Hitler. Por otro lado, el antiguo Canciller alemán Helmut Schmitd, una de las voces más respetadas de Alemania, criticaba abiertamente algunas decisiones de Angela Merkel y recordaba que la unidad alemana está decisivamente vinculada a la unidad de Europa y que la cooperación entre el centro y la periferia de Europa es un factor clave del éxito del proyecto europeo.
 
Se habla de que el día 9 podría abrirse la puerta de un nuevo Tratado de la Unión, o al menos, de un nuevo Tratado los países miembros de la zona Euro. Muchas veces se ha dicho que la Unión Europea es un Objeto Político no Identificado. La UE no es un estado, no es una federación, no es tampoco una confederación. Nos encontramos a medio camino entre una confederación y un organismo multilateral de integración regional. Es cierto, esta ambigüedad ha sido importante para cubrir una etapa. Ahora, sin embargo, nos falta un paso más adelante y abrir una nueva etapa y pasar a una confederación de estados soberanos en proceso de convertirse en una federación de naciones dentro de un estado europeo.
 
Éste, a mi entender, es el proyecto para los próximos veinticinco años. La reunión del sábado próximo debería señalar este norte. Nos jugamos el futuro.