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Me van a perdonar que insista en los datos que ofrece cada año el informe de Cáritas pero que saben presentar con imágenes y comparativas muy claras. Este año han sido los campos de fútbol del Barça y del Espanyol que llenarían dos veces todos los usuarios de Cáritas durante un año. Hace diez años, con una cuarta parte de este aforo sería suficiente. Ahora son 276.000 personas sólo en la provincia eclesiástica de Barcelona. Si sumáramos el resto de Cáritas de Cataluña posiblemente pasaríamos de largo los 300.000.

Pero durante su etapa como director de Cáritas, Jordi Roglá, no le ha gustado hablar de números. Siempre habla de lo que le piden las personas en situación de pobreza, por las que hace tiempo que exige un rescate; movilizar los recursos "como se hace cuando se declara una zona catastrófica".

En cambio, este jueves en su despedida se ha detenido un poco más en else datos de los diez años como director. Este servicio ha sido posible porque se han multiplicado por 2,5 las aportaciones de los donantes particulares, y por 12 las de las entidades privadas, en buena parte por el crecimiento del programa pro-infancia de la Obra Social de La Caixa. Gracias a ello -y sólo es un ejemplo de su liderazgo-hoy Cáritas es la entidad privada con el mayor parque de vivienda social de Cataluña. Casi 400, cuando hace diez años no llegaban a 100.

Y suma. Suma un presupuesto anual de 27 millones de euros. Una cifra da vértigo y que duplica el presupuesto del arzobispado.

Pero lo que más me ha llamado la atención es el reconocimiento de Roglá a los sacerdotes, "que se multiplican para estar disponibles siempre que alguien llama a la puerta de su parroquia". Así, uno de los esfuerzos de los últimos años de Cáritas ha sido precisamente insistir en que no son una ONG de la Iglesia, sino que son la Iglesia. Siempre se habla más de los voluntarios, los socioss, los asistentes sociales, los usuarios, de las parroquias... pero no recuerdo ninguna rueda de prensa en la que se hablara de los sacerdotes como uno de los puntuales de Cáritas.

Y, por ello, de la misma manera me ha llamado la atención el papel del cardenal Lluís Martínez Sistach en esta rueda de prensa. No en todas partes, pero ya empieza a ser habitual que el obispo diocesano presida las ruedas de prensa de Càritas. Pero normalmente se le reserva el papel de hacer el sermón inicial -que ahora se lleva mucho ilustrar con alguna frase del papa Francisco-, y de cerrar con una bendición final.

Pues este vez no ha sido así. El mismo cardenal ha sido quien ha presentado los datos del informe anual. Y, tal como lo ha hecho, está claro que era una de las ruedas de prensa que se había preparado más o que, por lo menos, lo ha salido más redonda. Se lo hecho muy suyo, no como un presidente de gobierno que lee lo que le escriben cuando inaugura una rotonda o que aprovecha que tiene el micro para hablar a favor o en contra del derecho a decidir. También, en la despedida, Roglá ha dejado muy claro que cuando lo nombraron el arzobispo le ofreció unas directivas muy claras sobre el servicio que quería que hiciera Cáritas. Que sabía muy bien que quería.

Creo que es bueno que un obispo no aterrice como un extraterrestre cuando hay una rueda de prensa de Cáritas. Y es bueno que se recuerde que sin los curas, Cáritas no sería lo que es. O que quizá sería "sólo" una ONG.