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Corpus. Ciclo A
Barcelona, ​​22 de junio de 2014

Comulgar es buena cosa si se comulga bien.
Y no siempre se comulga bien.

Concretamente:

– Es un grave abuso convertir la misa en una especie de excusa religiosa para tranquilizar nuestra conciencia. Como si comulgando todo estuviera resuelto.
Se trata de confesar la Presencia sacramental de Cristo y practicar su seguimiento.

– Es un abuso comulgar con Cristo ritualmente sin preocuparse de comulgar con los hermanos.

– Es un abuso compartir el pan eucarístico ignorando el hambre de millones de ser humanos privados de pan, de justicia y dignidad.

– Es un grave abuso celebrar correctamente el memorial del Crucificado y seguir insensibles ante los crucificados que prolongan hoy su Pasión.

– Es un grave abuso celebrar semanalmente el sacramento del amor sin hacer nada para suprimir nuestros egoísmos y sin cultivar con más eficacia la amistad y la solidaridad.

– Es una imperdonable comedia darnos sonriente la paz del Señor y no eliminar de nuestro corazón resentimientos, odios, malquerencias y actitudes de exclusión.

¿Qué diría hoy Jesús de nuestras Eucaristías?
¿Qué le preocuparía?
¿Nos mandaría de nuevo interrumpir nuestros ritos ante el altar para ir antes a crear una sociedad más justa y más reconciliada?